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14 sep. 2009 at 5:05pm

Deschavetado por las mujeres

Hugo Rafael Chávez Frías, presidente de Venezuela:

Deschavetado por las mujeres

Estuvo casado dos veces y tuvo una amante durante diez años. Sin primera dama desde el 2003, el comandante seduce tanto y a tanta velocidad que se cree que tiene una hembra en cada puerto. Sus "centauras de la revolución" sin duda, son su debilidad.

Por Margarita Otárola
Ayudante de Trabajo de Título

Año 2000. Alicia Castro, una madura aeromoza argentina, diputada y dirigente del sindicato aéreo, de abultada cabellera rubia, piernas largas y labios rojo furioso, no pierde ocasión para declarar el amor incondicional, apasionado y combatiente que siente por su líder venezolano, quien cada vez que se la encuentra, la convierte en una reina. Sobre todo cuando se reúnen en la suite presidencial del hotel más caro de Buenos Aires o cuando él la invita a darse una vueltita por Venezuela en el avión bolivariano estilo saudí, para "interiorizarse de la revolución y del Movimiento de la Quinta República".

Mientras posa con aire sugestivo, minifalda roja y una fotografía del comandante en sus manos, la sindicalista chavista de las pampas, contagiada del estilo de su jefe, parlotea sobre la relación que los une de manera enigmática: "Mi romance es con la revolución, no debemos frivolizar esta relación de dos años que tengo con Hugo Chávez" asevera.

Es que el presidente venezolano Hugo Rafael Chávez Frías siempre se ha caracterizado por ser un mujeriego. De baja estatura y aspecto zambo, de lengua rápida e incansable, el mandatario venezolano es seductor, astuto y con una voracidad de poder ilimitada. Asegura que es Bolívar y Ezequiel Mora, Juan Domingo Perón y el Che Guevara, una mezcla divertida y de muy compleja conciliación. Hombre seguro de sí mismo y carente de complejos. Representa cabalmente el latino ideario femenino que habla del macho feo y con mano dura, que cuanto más te maltrata, más te ama. Estoico, por donde pasa las mujeres de todas las edades se le abalanzan, lo abrazan y lo besan. Detallar la lista de amantes que la mitología popular le atribuye al comandante requeriría un tomo de la guía telefónica. Hombre de corazón apasionado y dotes poéticas, deja una falda alborotada en cada país que visita.



Patito feo

28 de julio de 1954.Venezuela, tierra caliente y mágica, la de aquellos estupendos calores de tarde y de Rómulo Gallegos y su doña Bárbara. En el estado de Barinas, en una casa de palma de las tierras de Sabaneta, Elena Frías de Chávez, de tan sólo 19 años, está con trabajo de parto. La situación de la familia es precaria. Los recursos escasean a la misma velocidad con la que aumentan los hijos. En el comedor, Adán Chávez Frías camina pasito a pasito de la mano de su papá, Hugo de los Reyes Chávez. De pronto un grito ensordecedor. Una guagua chilla y chilla desde el fondo del pasillo. Nació Hugo Chávez, pero esa fue la última vez que estuvo cerca del calor de su madre. Su abuela, Rosa Inés, se ofreció a ayudar con tanto niño. Todos estuvieron de acuerdo, incluso Elena. Así, Adán y Hugo, los dos hijos mayores del matrimonio, se mudaron a la casa de la abuela paterna.

Hugo se crió en la pobreza y lejos de su familia. Es el segundo de seis hermanos. Esta separación temprana de la madre y la influencia de su abuela, han dado paso a más de alguna especulación sobre la formación de la personalidad y del carácter de Hugo Chávez. Hay quienes establecen una relación entre estas condiciones de su infancia, el tono inflamable de su discurso político y su afección por las mujeres. Cuando veía a su mamá, Chávez Frías se escapaba de los explosivos enojos y corría a esconderse en el escaparate de la casa de su abuela. Y ahí se quedaba, acurrucado, muerto de miedo, esperando que la mujer se cansara de gritar y se fuera. La madre le propinaba palizas que lo paralizaban de pánico.

La pobreza siguió siendo la característica principal en la vida de Chávez. Según su tía Joaquina Frías: "El primer día que Hugo fue al colegio no lo dejaron entrar. Llevaba unas alpargatitas viejas, las únicas que tenía". Pasaba muchas necesidades. Cuando iba al colegio, en los recreos, vendía los dulces que su abuela preparaba.

Sin embargo, esto no fue un impedimento para tener ilusiones. De muy pequeño, tenía tres grandes sueños: la pintura, el béisbol y el amor. Desde esos años, cuando jugaba en la calle o en los baldíos de su pueblo, más de una vez anheló ser una estrella del béisbol, una celebridad capaz de convocar muchos aplausos en un estadio”. “Tribilín” como lo apodaron sus amigos a los 12 ó 13 años, era un adolescente delgadísimo, de pies largos, bien patón y solía alentar a sus compañeros beisbolistas a ser los mejores.

Este joven rural siguió soñando con ser pelotero profesional y toma la única vía posible hacia el béisbol. No tenía mucho arrastre con las mujeres, así que se abocó netamente a su futuro. Sus compañeras de liceo lo recuerdan como un muchacho cariñoso y amigable, pero nada más. Según una estudiante de esa época, tenía en su contra el aspecto físico: "Hugo era feísimo, era flaquito..."
A raíz de esto, vio en las Fuerzas Armadas la manera de hacerse una vida. "Estudiábamos Ciencias Políticas y yo empecé a motivarme con el estudio de la teoría militar. Mao me gustó mucho y entonces me puse a estudiar un poco más a este autor" confiesa Chávez. Memorizó largas proclamas del Libertador Simón Bolívar, mientras que con bastante rapidez le toma el gusto a los cuarteles. "Cuando me vestí, por primera vez, de azul, ya me sentía soldado", dice.

En 1975 se graduó con una ceremonia oficial en la Academia y le tocó al presidente Carlos Andrés Pérez hacerle entrega del sable. A los pocos días, escribió en su diario: "Después de esperar bastante tiempo llegó el nuevo Presidente. Cuando le veo, quisiera que algún día me tocara llevar la responsabilidad de toda una patria, la patria del Gran Bolívar".

En 1977 ya estaba pensando en las mujeres a pesar de ser muy jovencito. Su pasión se vio encendida por Nancy Colmenares con quien decidió casarse. Una ceremonia chiquita, no muy romántica, ya que él, se estaba adentrando en la vida militar. Ella le dio tres hijos: Rosa Virginia, María Gabriela y Hugo Rafael. Mientras, a los 21 años, Hugo Chávez ya no se conforma con ser simplemente un militar. Y comenzó a coquetear con la idea de un golpe de Estado. Cuenta un amigo de él, Rafael Simón Jiménez, que cada vez que lo veía, en cualquier calle de Barinas, se bajaba del carro a saludar:
- ¿Qué hubo, mi hermano?- preguntaba Chávez-.
- ¿Y tú, cómo estás?- le respondía Rafael.
- Contento, pana, porque ya viene el 2000- y seguía -Antes del 2000, soy general y echo una vaina en este país- le aseguró.
En 1982 fue ascendido a capitán y comienza a conspirar en el seno del Ejército. Fundó el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR200), en alusión a los doscientos años del natalicio de Simón Bolívar, que se cumpliría un año más tarde.

Tras las rejas

Por este tiempo, Hugo Chávez inició una relación paralela con la historiadora y socialista Herma Marksman. La dinámica propia de la vida militar le permitió a Hugo Chávez ciertas facilidades. Así conoció Marksman con quien se vinculará sentimental e ideológicamente durante casi una década. "Cuando lo conocí -relata Herma- tenía fama de mujeriego. (…) No sé si lo siguió siendo cuando estaba conmigo. No lo creo. Aunque él es un tipo cariñoso, piropeador" (...) "A mí nunca me engañó, me engañaría después cuando estaba en la cárcel”.

Es que esta mujer lo conoció profundamente, en especial cuando él no era nadie. Sólo un puñado de sueños locos. “Era un hombre sencillo, cálido, amoroso. Llegaba con chocolates, con flores y me escribía poemas. Lo veo sentado leyendo con un maletín cargado de libros de poesías, de novelas, de ensayos. Siempre leyendo. No recuerdo un cumpleaños en 10 años que no haya pasado conmigo”.

-¿Qué significa Chávez para usted?
-Hoy, sinceramente, no me importa nada, se me terminó el amor. Yo lo dejé, aunque su madre me rogó llorando que no lo hiciera. Pero el último tiempo en la cárcel noté que le gustaba que lo halagaran, no respetaba a los demás, no escuchaba, él era el único que tenía razón. Nos amamos mucho, pero no, éste no es el hombre del que me enamoré”. Relata en una entrevista realizada en Gatopardo en el 2004.

La mujer de grandes ojos castaños, es elegante, culta. Fue amante de Hugo Chávez de 1984 hasta 1993. Y los que conocen bien al comandante juran que ella fue la mujer que más amó. Su compañera de los primeros años, la única que participó activamente en la revuelta militar del 4 de febrero de 1992. Marksman, hoy es franca opositora a la forma de gobernar de su ex amante.

En febrero de 1992, pasó de la teoría a la acción con un golpe de Estado para derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez. Éste, contó con apoyo internacional y de las Fuerzas Armadas, frenando el golpe en la capital. Chávez fue detenido y encarcelado, aunque advierte a los venezolanos que su lucha aún no ha acabado. Dos años en la cárcel en Yare le bastaran para idear su regreso.

En algún momento corrió insistentemente el rumor de que la devoción de Hugo Chávez por Simón Bolívar era poco saludable, que podía rayar en la locura. Se comentaba con frecuencia que Chávez, en algunas reuniones, pedía dejar una silla vacía, asegurando que el espíritu del Libertador descendía y se sentaba en ella, para acompañarlos e iluminarlos en la discusión.

Estando en la cárcel, Francisco Arias Cárdenas, quien luego se lanzará a disputarle la presidencia y perderá, va a la habitación de Hugo. Cuando entra, están todos sus amigos sentados. Chávez está con una botellita de ron y con el tabaco, echando humo. “Estamos convocando a los espíritus”, le dice. Arias pasa, se muerde la boca y se acuesta en su cama. De repente él se transforma y comienza a temblar y a hablar como un viejecito: “¿Cómo están muchachos”, saluda. Y entonces salta de inmediato Torres Numberg, uno de los que estaba ahí:
- ¡Mi general Bolívar!- le dice-
-¡Yo no soy el general Bolívar. No me ponga tan arriba!- contesta Chávez enojado- Salta entonces Ronald Blanco.
- ¡Mi general Maisanta!- le grita exaltado-
- Claro, mijo, aquí estoy- dice Chávez-
(Pedro Pérez Delgado “Maisanta” es el bisabuelo de Hugo que fue un guerrillero a principios siglo XX).

Posteriormente, el nuevo presidente, Rafael Caldera, le concedió la libertad. El crecimiento del populismo en el país, con Caldera como líder de un nuevo partido, fue caldo de cultivo para el crecimiento del Movimiento Quinta República (MVR) de Chávez, por lo que se presentó a las elecciones presidenciales de 1998.

Donde reina la ilusión, ciega la pasión.

Seis años después del intento de golpe, el líder bolivariano consiguió el 56,5% de los votos convirtiéndose en el nuevo líder de Venezuela. En 1998, antes de asumir el poder, Hugo conoció a la blonda y curvilínea locutora de Barquisimeto Marisabel Rodríguez. Con la que, luego de unos meses de noviazgo, se casó. En una entrevista que dio la pareja en 1998, se colaron algunos detalles íntimos. Hugo y Marisabel, llevados por una gran pasión, tuvieron relaciones sexuales la misma noche en que se conocieron. Hicieron el amor dentro de un automóvil y, en esa primera experiencia, Marisabel quedó embarazada. Si un embarazo en medio de una historia de amor es importante, un embarazo en medio de una campaña electoral puede ser trascendental.

Sin embargo, la primera dama de la revolución bolivariana, Marisabel aprovechó al máximo los beneficios del cargo. Casi inmediatamente después de instalarse en La Casona, se le vio con costosos trajes de seda de Escada, carteras Vuitton y relojes Cartier. E imbuida del espíritu libertario y dadivoso de su marido, utilizó uno de los aviones de la flota oficial para pasar sus vacaciones en Orlando, pero la nave tuvo que regresar a buscar el biberón de la niña, que habían olvidado.
Sin embargo, la inestabilidad emocional de ambos los llevó al fracaso. Marisabel culpó a las escapadas y desapariciones abruptas de su marido y al odio de su entorno. El fuerte temperamento de la mujer chocaba con la personalidad de Chávez. Muchos escucharon que volaban platos y jarrones en la casa. Edmundo Chirinos, quien la atendió, aseguró que la primera dama tuvo varios intentos de suicidio porque el fanático entorno chavista conspiraba día y noche para sacarla del medio. Atormentada, casi paranoica, y muerta de miedo, la solitaria primera dama finalmente lo dejó.
Chávez asumió el poder el 2 de febrero de 1999 y no lo ha soltado más (su segundo periodo presidencial 2001-2007 y el tercero 2007-2013). Con Chávez en el Palacio Miraflores, Venezuela se vistió de Bolívar y hasta se cambió de nombre. La nueva Constitución, aprobada en 1999 por el 71,78% de los votos, habla de la República Bolivariana de Venezuela, otorga mayores poderes al presidente y blinda la propiedad estatal de Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima. Pero no todo ha sido color rosa para él, le tocó vivir en carne propia lo que alguna vez encabezó del otro lado del mostrador. En el 2002 un intento de golpe casi lo tira fuera del sillón, pero como un Ave Fénix caribeño, el hombre supo resurgir.

Un espacio donde Chávez desarrolla a pleno sus dotes presidenciales es en el programa radial y televisivo ¡Aló Presidente! El más visto por los venezolanos logrando estar al aire más de 230 horas. Desde ahí, hace anuncios de gobierno, echa ministros, insulta a sus opositores, nombra a Bolívar a cada segundo, envía saludos a su amigo Fidel, canta, recita poesías y hasta le hizo declaraciones de amor a Marisabel. "Oye, yo soy feo, pero yo no creo que sea el presidente más feo. Oye, vale, ¿qué opinas tú, Marisabel? ¿Qué yo soy el más feo de todos los presidentes? ¿Verdad que no?”. También da consejos: "Más de una vez vi a Marisabel sacarse su teta y darle a Rosinés. Especialmente en ese primer año de vida es vital que usted, amiga mía, pele su teta y le dé la teta al muchacho. ¿Por qué se ríe tanto? Es sencillito, pele la teta y dele al muchacho y a la muchacha leche de teta."

"Centauras de la revolución”

Hugo Chávez Frías se transformó después de llegar al poder. No solamente en la talla de la ropa o en el volumen de su papada, sino en los gestos y en su personalidad. De aquel coronel austero, queda poco y nada. Excéntrico, histriónico y megalómano, se mueve como el rey de un territorio pobre y alucinante como en un cuento de García Márquez. Un centauro alocado, desmesurado e insolente.

Pero las mujeres son su debilidad y las llama "centauras de la revolución". Tras su segundo divorcio, la vida amatoria de Hugo Chávez ha aumentado considerablemente. El comandante seduce tanto y a tanta velocidad que en realidad se tiene la sensación de que a todas les dice lo mismo. Pero sobre todo, el centauro mayor de Sabaneta confía en su buena fortuna y en los sortilegios de los brujos.

Viernes. Bogotá, 23:00 horas. 30 grados afuera y 32 adentro. Un tumulto de gente se reúne en un periódico para afinar los detalles de unos documentos. María Isabel Rueda, una prestigiosa abogada y periodista colombiana que colabora, entre otros, con la Revista Semana y la emisora W participa de esta reunión junto a Hugo Chávez. El presidente venezolano se mueve airadamente entre medio de los comensales. De pronto, pide un micrófono y se para en el centro de la sala. En un acto de coquetería, empieza a cantar La catira. Al ritmo de la canción llanera se desplaza hasta quedar frente a María Isabel, en dos segundos le está dedicando la canción con un brazo extendido hacia ella y con su mano derecha en su corazón. En 3 segundos más tiene a María Isabel Rueda irremediablemente seducida.

Es que Chávez es tan jocoso y trasgresor, que cuando visitó a la reina de Inglaterra, la agarró de un brazo y se la llevó a caminar. A la reina Sofía de España trató de besarla al igual que a la ex-canciller colombiana María Consuelo Araujo y a la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet. También ha cortejado a otras personalidades como Patricia Janiot, Cindy Sheehan y Barbara Walters. En cada uno de sus viajes, deja momentos para la anécdota con alguna que otra bella mujer. Por ejemplo en su viaje a Colombia preguntó por la cincuentona más explosiva de allá, la bellísima Amparo Grisales. Pero, en un viaje a Brasil hizo el ridículo cuando quiso conocer a la modelo Gisele Bundchen, ex-novia de Leonardo di Caprio, la cual lo rechazó por ser una anti-chavista de tomo y lomo.

No obstante la historia más escandalosa que protagonizó fue al besar, muy cariñoso, a un travesti brasileño que le bailó un paso de samba. Error o broma del Presidente, la anécdota recorrió todo el continente. Aunque no es primera vez que Hugo Chávez se queda prendado de una brasileña. En otro viaje al país de Lula, no pudo ocultar su cara de satisfacción ante el baile que le ofreció un cuadro de samba. Los ojos de Chávez no se despegaron de una hermosa bailarina. También son frecuentes sus encuentros con admiradoras en cada uno de sus viajes. Sin duda, Chávez se siente todo un galán.

Cumbre Iberoamericana

Como un Marco Polo del nuevo milenio, el robusto comandante ama los viajes alrededor del mundo. Y para hacerlos más placenteros, no encontró mejor opción que destinar de las empobrecidas arcas públicas venezolanas 65 millones de dólares para hacerse con un Airbus Jet, flamante, estilo saudí. El nuevo juguete de la "corona revolucionaria" es perfecto: suite presidencial tapizada en blanco y dorado, una business class adornada con una acuarela inmensa de Bolívar, una clase turista para 30 personas, duchas y un sillón con masajeador para aliviar las tensiones.

Santiago de Chile, noviembre de 2007. Avión regalón, pintado con los nombres de Venezuela por un lado y República Bolivariana por el otro. Aterriza a las 5:37 AM, tras hacer una breve escala en Bolivia. Al descender del avión presidencial, con excelente humor y un café en la mano, Hugo Rafael Chávez Frías, enfrentó la baja temperatura saltándose el protocolo. En medio de una fuerte presencia de seguridad, obvió la tarima oficial y se dirigió a la prensa para dialogar con ella por más de 30 minutos. Sus primeras palabras fueron un saludo al pueblo chileno, “Este pueblo heroico, el pueblo de Neruda, de O´Higgins, de Allende, nuestro presidente mártir, uno de los más grandes líderes socialistas de la historia, no sólo de Chile, sino de nuestra América.”

Todavía en la losa del aeropuerto Arturo Merino Benitez, abrió los fuegos. Arrasó contra “la cohesión social”, lema central de la XVII Cumbre Iberoamericana a la cual asistía. Dijo que el título no le gustaba porque “la cohesión es algo terriblemente injusto, terriblemente malo. El diablo puede estar muy cohesionado”.

La jornada siguió bien entonada, aunque sin tequila. Día frío, ánimos caldeados y una ranchera. “No soy monedita de oro pa’ caerle bien a todos, así nací y así soy, los que no me quieran ni modo” cantaba el presidente para decirles a sus enemigos que poco le importan las críticas. Es que Chávez siempre le pone color a estos encuentros y arma un alboroto donde quiera que vaya. Criticó las reuniones bilaterales, descartó una cita con la presidenta, afirmó que Ricardo Lagos le dio vuelta la espalda y que salió mal del gobierno, reiteró su deseo de que nuestro país le entregue mar a Bolivia. “porque le corresponde”. Llamó “magnate petrolero” al brasileño Luiz Inacio Lula da Silva y le dijo “fascista” al ex presidente español José María Aznar lo que provocó la molestia del rey Juan Carlos quien le gritó ¡porque no te callas! frente a todos los presentes. Él como si nada. Finalmente, bromeó con el presidente de Argentina, Néstor Kirchner, al que le espetó que no tenía dudas de que su esposa, la presidenta electa Cristina Fernández, iba a gobernar mejor que él.

Es que, quienes conocen al presidente aseguran que el poder lo volvió loco. Que casi no duerme, que traga compulsivamente todo lo que encuentra, que habla solo, que a veces llora y se deprime, que oculta micrófonos en los despachos del palacio Miraflores para saber qué dicen de él, que no tiene verdaderos afectos porque tiene terror de que lo traicionen, que gasta fortunas en ropa de marca, que colecciona relojes carísimos, que cuenta sus intimidades de manera vulgar en su programa de televisión ¡Aló Presidente!, que adora las suites presidenciales de los hoteles de cinco estrellas, que tiene una amante en Ciudad Bolívar a la que visita en el mismísimo avión presidencial, que tiene amantes en varios países, que su mujer Marisabel lo abandonó porque él la maltrataba física y psicológicamente.

Las historias abundan y pueden llenar las páginas de varios libros. Pero que el hombre sufrió una metamorfosis desde que llegó al poder, es parte de la realidad cotidiana de Venezuela. Por lo menos, la de una mitad del país.


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