UNA DAMA MOTORIZADA - UPIU.com
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
    




Sobre el autor

Jaime Duque
Universidad San Francisco de Quito
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11 oct. 2009 at 2:34pm

UNA DAMA MOTORIZADA

Por las calles de Quito
Por las calles de Quito
La compañera de Verónica, una Shineray XY200 tipo custom
Verónica y su moto
Ver a una mujer al mando de una moto por las calles de Quito no era algo común hace mas o menos 10 años. Al menos así fue hasta que Verónica Boguña descubrió su pasión por las dos ruedas.

“Me atrevo a decir que fui la primera quiteña motociclista”, dice Verónica. Cuando se le pregunta de dónde salió su amor por las motocicletas, responde entre risas con un escueto “no sé”. Cuenta que por ese entonces se dedicaba a manejar camiones y que el motociclismo surgió por la necesidad de plantearse nuevos retos. Sin olvidar la familia, motociclistas de padre a hijo. E hija... Su primera experiencia con una moto ocurrió cuando tenía 18 años y su hermano le prestó una 125cc. “Una de las antiguas, que no importaba si se caía o no”, explica Verónica. Se subió, pidió instrucciones, se cayó un par de veces y desde entonces no ha parado de montar.

Describe el sentimiento de montar como un arte. “Cuando caes en un hueco, tú caes con ella. Cuando curvas, tú mueves tu cuerpo y danzas con ella”, agrega. Disfruta sentir todos los elementos de la ruta: el viento en su rostro, el roce de las llantas contra el pavimento, el sonido de la moto en plena carretera, el tránsito, los peatones, en fin, todo aquello que la une cada vez más a su compañera desde hace dos años: una Shineray XY200 tipo custom.

Enseñanza motorizada

Su pasión la ha llevado a convertirse en instructora de manejo de la moto escuela AE Moto, pues cree que es necesario formar a la gente en el correcto uso de las motos. Considera incorrecto que para sacar una licencia de motociclista, las autoridades no exijan aprobar un curso, porque la gente que aprende empíricamente en las calles se expone a grandes peligros. Entre ellos están el desconocimiento de las leyes y el no saber técnicas de evasión de emergencia. Sin embargo, el mayor de esos problemas es el poco uso del casco, pues mucha gente lo encuentra incómodo. Verónica explica que sobre una moto la diferencia entre la vida y la muerte está en utilizarlo. “Queremos que las autoridades entiendan que la educación es el medio”.

Verónica considera importante esta labor de concientización por la mala imagen que se han ganado los motociclistas. Cree que esa reputación en los caminos se ha ganado precisamente porque no se exige un nivel mínimo de manejo a los usuarios y que la única solución es la enseñanza. También cree que las condiciones para los motociclistas en el país no son favorables, pues deben pagar multas y matriculas iguales a los autos. “Uno se compra una moto de $500 y tiene que invertir $300 más en matrícula... es ilógico”.

La moto también le ha servido para ayudar a su hija de 5 años. Los viajes de larga duración aportaron a que la pequeña Sara mejorara habilidades como el balance y la concentración. “La moto la ayudó mucho con el equilibrio, a desestresarse, a tener paciencia y concentración porque hacíamos viajes un poco largos, entonces ella tenía que mantenerse quieta y centrada en el camino”, cuenta Verónica.

Contra la orfandad animal

Aparte de sus labores como madre y motociclista, Verónica dedica gran parte de su tiempo libre a ayudar a animales desamparados. ¿Por qué animales? “Porque nadie me va a meter presa por llevarme un perro a la casa, si hago lo mismo con un niño....”, bromea. Comenzó hace 20 años como algo pequeño y simple: recoger animales y buscarles un hogar. Hoy por hoy sale en su moto a recoger animales huérfanos para llevárselos a su casa, donde los alimenta, vacuna, cura y esteriliza. Con el apoyo de clínicas veterinarias y donaciones ha logrado mantener esta actividad a flote, pero ahora ella espera sacar adelante un proyecto que busca “erradicar la miseria animal de las calles”, en sus propias palabras.

Al pensar en una mujer motocliclista, uno no espera encontrarse con la feminidad y sensualidad de Verónica. Peor aún con la ternura que le provoca hablar de su labor con los animales. Eso sí, cuando el carácter de motociclista tiene que salir, sale. “Si no pregúntenle a mi ex esposo”, se despide bromeando.


Etiquetas: moto
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