La indiferencia de la sociedad provoca a los indigentes a sumergirse en el olvido - UPIU.com
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
    



	
Sobre el autor

Zaida Roman Choque
Universidad Mayor de San Simon
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20 oct. 2009 at 10:28am

La indiferencia de la sociedad provoca a los indigentes a sumergirse en el olvido

La esperanza de una vida mejor poco a poco se desvanece con la indiferencia. Felisa Tacopari, de 49 años de edad, natural de la provincia Bolívar (Oruro) mantiene a sus cuatro hijos con la caridad de las personas que suelen pasar por las calles de la ciudad de Cochabamba. Rodeada de las pocas pertenencias que posee espera cada día que su situación mejore y que la soledad y el olvido no terminen con sus esperanzas.

Es la realidad que vivimos todos los días, al caminar por las calles de Cochabamba, observar a las personas que extienden su mano esperando un poco de ayuda para poder comer, la indigencia en nuestro país definitivamente se va convirtiendo en un tema ya olvidado, y aunque de vez en cuando reciben alguna caridad no es suficiente para que su situación mejore, ya que la indiferencia de la sociedad hacia estas personas se incrementa con el tiempo.

La Realidad de la Emigración

Muchos se preguntan el motivo por el cual estas personas deciden trasladarse a la ciudad, pero lo que no se dan cuenta es la realidad que se vive en los lugares de donde provienen.

La Señora Esther Mogro, miembro de la Iglesia Evangélico Bautista informo que estas personas vienen de provincias de los departamentos de Oruro y Potosí, lugares en donde la agricultura , principal sustento económico, solo se da una vez al año ya que aprovechan las lluvias temporales, por lo cual el resto de la gestión se quedan sin recursos económicos, razón por la que las mujeres de cada familia viajan a la ciudad acompañadas de sus hijos para tratar de conseguir dinero, mientras los hombres se quedan en el campo para cuidar sus casas, terrenos y algunos animales.

No existen datos todavía donde se reflejen las cifras de personas indigentes en el área urbana de la ciudad de Cochabamba, pero según los datos del INE y la encuesta de Hogares realizado el 2007 la población indígena en el Cercado es el 14.7% del total de todos los ciudadanos, pero mas importante que la cifra es la situación y el modo de vida a la que estas personas se someten todos los días.

Solidaridad Ciudadana
“Nosotros tratamos de ayudarlos, les enseñamos higiene, un poco de educación pero mas que todo ayuda espiritual” declaro la señora Esther Mogro, que en las tardes alberga a algunas mujeres que piden dinero en las calles, así también existen algunas instituciones que se dedican a ayudar a las personas indigentes, pero no logran hacerlo en su totalidad por falta de recursos económicos y falta de solidaridad de la población.

Entre estos encontramos el albergue Sumaj Puncha ubicado en la zona de la Laguna Alalay, sitio patrocinado por la Alcaldía Municipal que aloja alrededor de 80 personas, este lugar recibe en su mayoría a personas tanto del interior como del exterior del país proporcionándoles cama, comida y un poco de educación.

Wenseslao Figueroa, administrador de este lugar afirma “Tratamos de darles toda la ayuda posible, a veces recibimos donaciones de ropa, comida, etc., y repartimos entre los que residen aquí, pero el lugar no nos abastece para ayudar a muchas personas”

Pero a pesar de la existencia de estos albergues aun podemos ver por las calles personas que se dedican a la indigencia como único modo de sustento económico. Posiblemente esta es la única salida ya que especialmente en el caso de las mujeres es la única manera de estar con sus hijos, además que la realidad en la sociedad es que pocas son las personas que les otorgarían un trabajo, ya que comúnmente se les discrimina por su manera de vestir y su imposibilidad de poder hablar correctamente el castellano, por todo esto es que se ven obligadas a pedir dinero en las calles y con suerte a vender algunos productos como manzanillas o algunos dulces.

El miedo y la desconfianza empeoran la situación
Pasando ya las 22:00 horas se puede observar como una señora cargada de sus dos hijos pequeños separa algunos plásticos del suelo para poder acomodarse junto a sus hijos y descansar después de un día normal en las calles.
Esta situación se ha convertido en la rutina de muchos otros indigentes que prefieren dormir sobre plásticos en las cercanías del mercado La Pampa a recurrir a los albergues, todo por que la falta de confianza hacia las personas se incrementa con el tiempo, el temor de que algo les pueda pasar es más fuerte que su necesidad.

Pero este temor esta bien fundamentado ya que los tratos que reciben por parte de algunas personas cada día, les ha hecho creer que ellos son menos y que no valen como para ser respetados. Finalmente el mito de la “gran ciudad” logra intimidar a estas personas que solo vienen en busca de una vida mejor.

Al caer ya la noche Felisa cuenta las ganancias del día, recoge sus pertenencias, al igual que lo hacen sus hijos, que recogen algunos trapitos sucios, un pequeño charango y algunos dulces que sobraron de la venta del día y ya con todo listo empiezan a caminar por las calles de la ciudad, en busca de algo para poder comer y contemplando con cierta nostalgia la alegría de algunos que pasan por su lado, con la esperanza de que algún día toda esta triste realidad algún día pueda mejorar.


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