La Neuroteología: En busca del “Circuito de Dios” - UPIU.com
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
    




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24 nov. 2009 at 11:38am

La Neuroteología: En busca del “Circuito de Dios”

Por Wilfredo Arriagada
Alumnos de Quinto Año de Periodismo

- A partir de los estudios de los estadounidenses, Newberg y Eugene D’Aquili, esta nueva ciencia pretende llegar a un consenso con la fe cristia para afirmar que en el cerebro humano está arraigada la religiosidad

La eterna batalla entre ciencia y religión parece estar llegando a su fin. Durante siglos abundaron hechos que marcaron esta confrontación: la Teoría de la Evolución de Darwin versus el Paraíso de Adán y Eva, el Geocentrismo frente al Heliocentrismo, entre otras.
Actualmente, ambos bandos parecen haber firmado un acuerdo de paz, llegando a puntos de encuentro. Mientras miles de científicos que componen la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), intentan recrear la Creación del Universo bajo Los Alpes, buscando atrapar la “Partícula de Dios”; otros investigadores pretenden explorar, a través de la Neuroteología, cómo los estados del cerebro y del sistema nervioso pueden crear o relacionarse con la vivencia de la experiencia religiosa.
El concepto Neuroteología, fue concebido por primera vez por Aldous Huxley, en su novela utópica “La Isla”, editada en 1962. En su libro, el escritor británico concibe el término para explicar esta disciplina, dedicada a entender las complejas relaciones entre la espiritualidad y la actividad física del cerebro, pero fundamentalmente desde un punto de vista filosófico.
Sin embargo, dos investigadores de la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos; el profesor de Radiología y Psiquiatría, Andrew Newberg y el experto en Psiquiatría y Antropólogía, Eugene D’Aquili, quien murió en agosto de 1998, aplicaron la expresión Neuroteología en ciencia, al publicar el informe “Estados religiosos y místicos: Un modelo neurofisiológico” de 1993. Actualmente, algunos estudiosos la consideran como una nueva rama de la Neurociencia, la cual utiliza tecnologías actuales para explorar la actividad cerebral.
Durante la investigación, los científicos norteamericanos analizaron los procesos de oración y meditación de monjes tibetanos budistas y monjas franciscanas, mediante SPECT (Tomografía Computarizada por Emisión de Fotones Individuales), el cual permite registrar imágenes de la actividad cerebral. Los científicos descubrieron que en la ‘cumbre de la oración’, ambos grupos de meditadores experimentaban un incremento del fluido sanguíneo en los lóbulos frontales del cerebro, y una disminución del flujo sanguíneo en los lóbulos parietales.
Por otro lado, durante una experiencia de trascendencia, los cerebros de los monjes mostraron un alto grado de flujo sanguíneo en las áreas del cerebro relacionadas con la atención, pero un bajo grado de fluidos en la áreas neuronales que conectan la mente con el cuerpo.
Este método de estudio de la experiencia religiosa, permitió comprender estados subjetivos de conciencia a través de la actividad cerebral. Por tanto, los investigadores lograron conectar la experiencia espiritual con la Neurología.

Conclusiones que causan controversia

A partir de las neuroimágenes obtenidas de la investigación, Newberg y D’Aquili llegan a la conclusión de que “el impulso religioso arraiga en la biología del cerebro. Dicho de otro modo, Dios está ‘cableado’ en el cerebro de la persona humana. El cerebro humano está genéticamente estructurado, de tal manera que anima la fe religiosa”.
Para el neurólogo del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, Archibaldo Donoso, ante el planteamiento de los científicos de Pensilvania, explica que la creencia en algún dios, espíritu o ser superior, es una tendencia natural y es algo que se repite en todas las civilizaciones recientes o antiguas. “Eso indudablemente tiene que ver con el manejo de las emociones, incertidumbres y miedos. Una persona que siente temor, siempre busca algo en qué apoyarse, uno dice toco madera y se siente un poco mejor”, sonríe el especialista.
Además, recalca Donoso que “lo espiritual en una persona comienza con la capacidad de imaginación. La espiritualidad depende de áreas cerebrales relacionadas con la asociación visual, incluidas en los lóbulos occipitales, en las cuales se almacenan imágenes. Entonces, las personas tienen la capacidad de imaginar cosas, como espíritus o dioses”.
Sin embargo, para el presidente de la Sociedad Chilena de Medicina Nuclear y experto en manejo de ‘perfusión cerebral’ con SPECT, Juan Carlos Quintana, las conclusiones de Newberg y D’Aquili corresponden a una interpretación. “Obviamente, ellos están diciendo que toda la experiencia religiosa que vive cualquier persona, al final es un problema bioquímico. Es decir, se produce una activación en algún área del cerebro y una desactivación en otra del mismo, lo cual explica la experiencia religiosa, pero en el fondo, eso es una extrapolación muy grande. Porque es lo mismo decir que la tierra es plana, es la misma equivocación. Es una cuestión de fe si creer o no en un ser superior, pero entre mi observación y la afirmación hay un tramo muy grande. Así es que, la verdad es que responder científicamente si Dios existe o no existe, midiendo la actividad cerebral, desde el punto de vista científico, no se puede hacer esa afirmación”.
Según el sacerdote y capellán del Colegio Everest, Daniel Reynolds, “en vez de que Dios esté ‘arraigado’ en nuestro cerebro, nosotros estamos ‘abiertos’ a Él”. Citando a San Agustín de Hipona, señala: “Homo capax Dei, el hombre es capaz de Dios. Él nos ha dado el nivel espiritual para vivir en nosotros. Cerebralmente implica una correlación en nuestra naturaleza, que es de cuerpo físico y de alma espiritual. Entonces a través de lo físico, nosotros podemos ir llegando a lo espiritual para alcanzar a Dios, a través de este conocimiento que Él nos concede”.
Para sor María Soledad Cordero, monja dominica de clausura del Monasterio Santa Rosa, “entre los espirituales modernos y antiguos, antes se daba la opinión de que el alma sale a buscar a Dios o ambos se encuentran en algún lugar. Ahora de que Dios esté ‘arraigado’ en el cerebro humano, si tenemos una dimensión social e intelectual, la dimensión religiosa está presente en el hombre”.
El presidente de la Sociedad de Salud Mental, Edgardo Thumala, autor del ensayo “Misticismo, psicoanálisis y el yo”, argumentó: “No sabría si existe un área específica de religiosidad, pero me es bastante claro que cualquier proceso mental tiene una raíz biológica en el cerebro. Podríamos decir, además, que todo tiene una raíz en el espíritu, porque la materia expresa al espíritu”. También agrega que “una experiencia mística, naturalmente va a tener una influencia sobre la estructura cerebral, esto es tremendamente complejo, pero es algo que se investiga en la actualidad”.

Los beneficios de la oración que la ciencia reconoce

Los avances, a partir de las nuevas tecnologías, han posibilitado al hombre de ciencia poder escudriñar en la naturaleza y el comportamiento humano, incluso indagar en la espiritualidad, como se ha venido observando con desarrollo de la Neuroteología.
Los científicos, ya no simplemente investigan la oración y la meditación a partir de cambios neurológicos, sino que además han profundizado los alcances de su estudio y han reconocido beneficios propios de la oración.
Para Juan Carlos Quintana, quien es además médico cirujano del Departamento de Radiología del Hospital Clínico Pontificia Universidad Católica de Chile, explica que “Está comprobado científicamente que la oración y la meditación, puede ser beneficioso para la salud y el bienestar general de una persona. Ahora, cuál es el mecanismo, eso es otra cosa. ¿Es un problema bioquímico, señales que el cerebro envía al resto del cuerpo o es un efecto directamente de un ser superior sobre el individuo? Eso es una cuestión totalmente distinta. En ciencia, no tenemos un método fiable para poder demostrar realmente cuál es el beneficio. Se sabe que hay cambios en el cerebro, pero no se puede saber cuál es el fenómeno que hace bien”.
El experto en Medicina Nuclear agrega que “la ciencia ha comprobado que la actividad cerebral tiene mucha influencia sobre las enfermedades y ciertas crisis biográficas, como la separación o la muerte de un familiar. El estado anímico y cognitivo de una persona puede alterar la percepción que él tiene sobre sus síntomas. Tras el mismo estímulo, hay personas que sienten más dolor que otras, debido a sus condiciones internas, a su estado anímico y a sus creencias. “Hay personas que por sus creencias, pueden sobrellevar mucho mejor sus dolencias, que otras que no tienen fe. Es científico, eso existe”.
Lo anterior es respaldado por la experiencia vivida por sor María Soledad Cordero, quien padece de una compleja enfermedad, ya que sufre de descompensaciones pancreáticas, porque dicho órgano, secreta mínimas dosis de insulina. Frente a su padecimiento, cuenta la experiencia que vivió con una sicóloga de la empresa Help, que se encontraba de turno, junto al equipo que trató una de sus descompensaciones. “Durante el trayecto a la clínica, esta señorita me comentó que lo único que entendía es que yo, gracias a mi fe y confianza en Dios, he desarrollado una regeneración interior, que me posibilita salir de esas crisis y seguir funcionando inmediatamente’. De esta forma, la oración está afectando, no de alguna manera, absolutamente en todo lo físico. Además, la oración es una fuente de energía interior que me permite afrontar y superar esta situación, que es más que no experimentarlo, porque además vivo esa dimensión de sufrimiento que me permite aceptar, comprender y ayudar a los demás”.
Según el Padre José Miguel Fernández: “La persona que reza va a ser siempre equilibrada, ponderada, prudente, es decir, la oración hace crecer las virtudes humanas. En ese sentido, puede estar en conexión con la Neuroteología. Conozco tantos casos de personas que han sufrido depresiones y la oración las ha sacado adelante. Es algo sobrenatural, pero que tiene consecuencias humanas”.
Sin embargo, el psiquiatra Edgardo Thumala, se muestra más escéptico. “No estoy tan convencido que sea la oración en sí misma la que afecte en la recuperación de las personas, muchas veces puede ser el estar tranquilo, el quedarse quieto, por eso es que la meditación y la oración provocan las mismos efectos. En el fondo, sería pensar que cualquier método que me permita estar en reflexividad con lo que me está pasando, probablemente me va a ayudar”, argumenta el profesional.
Archibaldo Donoso, concuerda en ciertos aspectos con el psiquiatra, argumentando que “es indudable que esas experiencias religiosas, si se realizan con una disposición emocional determinada, pueden producir efectos en la fisiología cerebral. Nunca he estudiado los efectos benéficos de la oración en la meditación, pero si sé que una persona que se relaja, a través de alguna técnica, como la acupuntura, el yoga o la meditación, eso puede influir sobre la presión arterial, la frecuencia cardíaca, la conductancia de la piel y efectos en la actividad metabólica de distintos grupos de neuronas en el cerebro”.
La médico cirujano y pediatra Sheryl Rivera, gracias a sus estudios en calidad de vida y promoción de salud explica: “Nuestra fuerza de pensamiento y nuestros sentimientos abren ciertas partes del cerebro que conectan con la fluidez de la presencia de Dios en nosotros, y ese lugar específico se abre a través de la oración, de pensamientos de amor y de bienestar”.
Para el neurocirujano, Freddy Ayach, respecto a la influencia de la oración “uno tiene que despertar esa situación (espiritual), cultivarla y poder practicarla. Puede ser que en todo ser humano exista la potencialidad de la divinidad, el problema es cómo se puede despertar, de acuerdo a la educación y las oportunidades en la vida, para así poder transmitirla, practicarla y demostrar que es así” comenta el especialista.
Un punto de encuentro entre la oración y la medicina se da en los llamados “milagros” o “hechos divinos”. Los casos de recuperación espontánea atribuidos por la oración, son incontables en todo el mundo.
En la actualidad, como Andrew Newberg y Eugene D’Aquili, muchos otros científicos estudian la oración y la meditación y cómo influyen las experiencias religiosas en el ser humano. La ciencia reconoce que orar es un aporte en las personas. Muchos han sido los avances, pero en ocasiones, la oración, simplemente, sorprende a la ciencia.

Un milagro de oración

En Chile, la recuperación de María Alicia Cabezas es considerada un hecho que escapa a todo entendimiento científico. Ella se sanó de forma espontanea de tres hemorragias cerebrales masivas, de las que nadie sobrevive, según consenso médico. Además, sufrió dos infartos cerebrales, que incluso le dejaron muerta para siempre una parte del cerebro. Ella señala: “Los médicos me diagnosticaron muerte clínica. Si no hubiese sido por la oración, yo no estaría contando esto”.
Sentada en una de las bancas, al interior de la Iglesia del Santuario Padre Hurtado, ubicado en Estación Central, María Alicia recuerda que llegó al Hospital El Salvador, el 25 de julio de 1990, con una hemorragia cerebral. En estado de coma, fue trasladada al Instituto de Neurocirugía de Santiago, donde ingresó con el peor diagnóstico médico, "Glasgow 4" (considerado como grave, según la escala que mide el estado de conciencia en pacientes con accidentes vasculares). La mitad de los pacientes muere en esas condiciones. Hay personas que para salvarles la vida los operan de urgencia, en el caso de María Alicia no se pudo, ya que, según diagnóstico médico, era un hecho que ella moriría en la mesa de operaciones.
El 2 de agosto, cuando estuvo en la Unidad de Tratamiento Intensivo (UTI) de Neurocirugía, le sobrevino una segunda hemorragia, también masiva, Los médicos no se explicaban por qué la paciente seguía viviendo.
Cuarenta y ocho horas más tarde, le sobrevino un tercer episodio hemorrágico, también masivo. La mujer sobrevivió, contra todo pronóstico médico, ya que el profuso sangrado de su arteria indicaba su pronto fallecimiento. A la semana siguiente sufrió dos infartos cerebrales.
Felipe Valdivia, y Freddy Ayach, aunque la paciente estaba en coma, la sometieron a un tratamiento nuclear que demostró una falta de flujo sanguíneo en el cerebro, si esta situación se mantenía, la paciente moriría en unos quince minutos. Según Felipe Ayach: “María Alicia estuvo así muchas horas. Ella, hasta el día de hoy tiene partes de su cerebro muertas, y sobrevive sin secuelas”.
Entretanto, ella seguía en coma con altísima fiebre por infecciones digestivas, urinarias, pulmonares, de todo tipo. El director del Instituto, doctor Reinaldo Poblete, propuso desconectar a la paciente de los aparatos que la mantenían con vida, diagnosticando muerte clínica.
Desde el 25 de julio, día de la primera hemorragia, en el hogar de la señora María de los Ángeles se hicieron oraciones al Padre Hurtado pidiéndole un milagro para salvar la vida de María Alicia. El día 17 de agosto de 1991, durante la víspera del día del Padre Hurtado, más de 400 personas peregrinaron hacia su tumba, celebrando allí la Eucaristía. En la ceremonia, los fieles rogaron especialmente por la recuperación de la paciente.
Según sor María Soledad Cordero, “Yo creo que absolutamente se da la relación entre oración y las personas, no solamente a nivel de salud física, ya que existe una fuerza interior que puede generar respuesta a un montón de cosas, no solamente físicas, sino que interviene en heridas morales, como la exclusión y la discriminación, como también sicológicas.
Esta percepción es compartida por Edgardo Thumala, quien indica que “hay investigaciones que muestran que la gente que realiza oración tiene mejores resultados, por ejemplo, en una operación, o que otras personas las han acompañando y han orado por ellos, aparentemente tendrían mejores resultados en la mejoría de sus heridas o sus heridas post operatorias. Lo cual habla de algo bien interesante”.
La eficacia de la oración, para el monje lama, Gen Lobsang La, se asocia a “las buenas motivaciones, las que se logran por la meditación y que no son para beneficio propio. En budismo se medita para beneficiar a los demás, porque al ayudar a las personas, se gana virtud, y a través de esta última, se reciben muchos beneficios”.
Cuando María Alicia, a sus 34 años, vivió el episodio más inexplicable de su vida, se desempeñaba como asesora del hogar en casa de doña María de los Ángeles Amenábar, secretaria del colegio San Ignacio de El Bosque. Según María Alicia o “Milagrito”, como le dicen sus amigos: “Mi recuperación ocurrió en un lapso de tres horas. Al mediodía, llegaron al Santuario, alumnos, personal docente, administrativo y toda la gente que se encontraba en el colegio en ese momento. A las tres de la tarde, la doctora jefe de la UTI del Instituto de Neurocirugía, hizo su visita para ver mi evolución.
Con enorme sorpresa, vio cuando yo abrí mis ojos, la alta fiebre había desaparecido, yo había recuperado la conciencia. Podía hablar, e incluso mover los dedos y extremidades, lo que antes no podía hacer, reconocía nombres y caras. Fue tanto el asombro de la doctora, que ese día me trasladaron de la UTI a sala de recuperación”.
El 9 de noviembre de 1993, la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos, en el Vaticano, ratificó la existencia de un auténtico “milagro”, en la persona de María Alicia Cabezas Urrutia, realizado por intercesión del Padre Alberto Hurtado Cruchaga. El Papa Juan Pablo II firmó el Decreto de Beatificación. “Para mí fue muy importante, ya que todas las etapas fueron aprobadas por unanimidad en que no era atribuible a la medicina”.
En el Santuario Padre Hurtado, María Alicia, actualmente dedica su vida al trabajo de Pastoral, como una forma de retribuir su recuperación al santo chileno.
Según el médico Freddy Ayach: “Tenía una paciente grave, como teníamos casi todos los días. Y lamentablemente no todos tienen este precioso fin de María Alicia, de poder haber vuelto a vivir, a trabajar. En ella se juntaron la firme voluntad de su familia y de sus cercanos de orar y de pedir por ella. Hoy en día, uno puede atribuirlo a que en ella pasó algo que nosotros no esperábamos, es decir, ocurrió un hecho científicamente poco demostrable. En ciencia, uno habla de evolución inesperada, imprevista, poco habitual, extraordinaria. Desde el aspecto humano, puedo plantear que hubo una mano de ayuda, más allá de lo que uno como humano puede hacer o esperar”.
El neurocirujano, agrega que: “Objetiva y científicamente, los hechos planteaban la posibilidad de muerte o al menos de secuelas graves, pero los daños desaparecieron de forma absoluta”.
El informe médico fue redactado por los especialistas Felipe Valdivia y Freddy Ayach del Instituto de Neurocirugía Doctor Alfonso Asenjo. Posteriormente, fue enviado al Tribunal Eclesiástico de Chile y al Consejo para la Causa de los Santos de Roma, Italia. Ayach, explica que “El informe lo revisé yo, además, los exámenes fueron vistos por mucha gente, por eso fue considerado un hecho divino”.
Respecto al caso de María Alicia, el médico agrega: “Nosotros vemos cosas, pero muchas veces no se tienen todas las explicaciones. Si nosotros vemos daño cerebral, se espera una secuela, si vemos muerte del cerebro, esperamos una secuela, a veces ocurre que no, pero cuando ya se da en esta intensidad, uno al menos las espera. Por eso nos planteamos presentar este caso a tribunales.
Podemos decir que esto está fuera de lo que vemos normalmente. Aquí ocurrió un hecho ajeno a nuestra profesión, la oración influyó”, concluye Ayach.
Si se parte de la premisa básica, o al menos la más aceptada universalmente, de que Dios existe, como concepto y sin importar su denominación; el realizar una investigación a la oración, es decir a la “conversación o ruego con y hacia Dios”, llama la atención.
El buscar una reunión entre Ciencia y Religión, aparece, a la luz de las investigaciones referidas, más una obsesión de científicos, que una realidad. Sin embargo, a partir de la Neuroteología, el efecto positivo de la oración, tiene asidero ya no solo en la creencia de los hombres, sino que también en lo empírico.
Para los creyentes, que un estudio reduzca la “noción de Dios” a un espacio cerebral, puede resultar aberrante. Del mismo modo, creer que los científicos podrán desentrañar el origen del universo y encontrar la “partícula de Dios” es igual de pretencioso, puesto que la sola presencia de esta partícula inexplicable, hace que las conclusiones sean más bien divinas, algo que hasta el momento, ni siquiera la Neuroteología ha podido interpretar.


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