5 ene. 2010 at 11:50am
Adictos al dinero plástico
Por María José Romero L.
Comprar para estar a la moda o para sentirse bien parece ser el mejor eslogan que las grandes tiendas utilizan para llamar la atención del público, que a diario necesita ser estimulado para que el negocio no se termine. Es ahí donde el sector joven adquiere protagonismo, convirtiéndose en una excelente cuna de clientes, ya que si bien no son dueños del dinero con el cual asumen sus deudas, sí son futuros profesionales que podrían conseguir gozar de lo que hoy es considerado como una “excelente billetera”.
Los captadores de créditos parecen ir en procesión por las calles del Barrio Universitario y por fuera de cualquier universidad. Acechan a los jóvenes como el tigre a las gacelas, para conseguir que éstos caigan ante la tentación del dinero plástico.
Sin embargo, quienes cooperan con el ciclo al comprar por simple gusto y no por necesidad, son los mismos jóvenes de entre 18 y 25 años, que ven en el consumo algo más que una mera transacción. Y es que aunque la crisis económica mundial marcó un cambio en los hábitos de consumo de los chilenos, provocando una baja inicial en las compras y una nueva escala de prioridades en cuanto a lo material, el sector joven de nuestra sociedad continuó influenciado por una poderosa industria que impone la trasformación del consumo por necesidad, por el consumismo vicioso.
Modernos reproductores de música hasta las últimas tendencias en vestuario, son los productos predilectos de estos jóvenes que ven en la tenencia de los mismos un valor agregado, una sensación de satisfacción y felicidad que aunque sea un simple placebo logra calmar sus ansias adquisitivas, el fenómeno del consumismo.
Confesiones de una compradora compulsiva
Catalina Muñoz, de 19 años estudia sicología en la universidad Alberto Hurtado y nos cuenta que para ella no hay límites cuando se trata de gastar. Tener lo que desea se ha convertido en una especie de mandamiento en su vida. “Soy bien consumista y compulsiva a la hora de comprar. Veo algo que me gusta y lo quiero tener altiro. Si no tengo para comprarlo en el momento, junto la plata como sea en unos pocos días y ya lo tengo, o le pongo caritas a mi papá y él me lo compra”.
Para Catalina, al igual que para tantos otros jóvenes, ni siquiera el dinero se convierte en un obstáculo predominante y concreto para obtener algo. Es así, como se produce una especie de transición hacia el materialismo y la banalidad. Los valores y el sentido de concientización quedan relegados, en un mundo regido por el lema: “soy lo que tengo” y que en muchas ocasiones trae consigo efectos no deseados.
Para Romina Orellana, otra joven estudiante de primer año de Derecho de la universidad Central, salir de su casa y no volver con algo nuevo para su clóset, se convierte simplemente en un calvario. “Yo voy a los malls sin tener una necesidad de comprar por no tener ropa, sino que lo hago porque me gusta y lo necesito para estar feliz. De hecho me siento muy reflejada con la película Confesiones de una compradora compulsiva”. El film al cual hace mención Romina, trata de una chica consumista que hace de la tarjeta un verdadero pasaporte al consumo desmedido, donde además cree que los maniquies le hablan y la invitan a adquirir lo que modelan. “Si bien, yo no creo que los maniquies me hablen, al verlos sí me pongo a pensar en cómo me vería yo con la ropa que ellos visten, entonces no me aguanto, entro y me lo compro todo”, dice Romina, con mirada emocionada. Un hecho que aunque parece increíble, no dista mucho de la realidad. Ser consumista compulsivo, no sólo es una adicción sino, un paso seguro a un sin fin de consecuencias que sin duda no son nada buenas.
Consumo y endeudamiento
La principal consecuencia del consumo irresponsable es el endeudamiento, así lo confirma un estudio realizado por el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV), en conjunto con el Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC), que arrojó como resultados que el 33% de los jóvenes de entre 18 y 25 años, o sea más de 1 millón 200 mil de ellos, tiene cierto grado de endeudamiento con bancos o tiendas. De los mismos, el 43% ni siquiera trabaja. La mayoría está en mora por tarjetas de crédito, la deuda promedio supera los 800 mil pesos y su tercera prioridad respecto a gastos, es pagar cuentas pendientes.
“Detrás del endeudamiento juvenil hay una familia, donde al final son los tutores los que pagan las deudas. Desde esa perspectiva la población que se ve más perjudicada son los sectores socioeconómicos medios y medios bajos, que quieren en base a los medios de comunicación, tener ciertos patrones de consumo, pero que sus ingresos no los pueden sostener”, confirma Juan Eduardo Faúndez, Director del INJUV.
Un hecho que refleja a cabalidad esta situación es el caso de Karen Gómez, de 23 años estudiante de Tecnología médica en la universidad Santo Tomás quien, producto de su devoción por las compras, ha debido enfrentar grandes deudas. “Lo que pasa es que sacar una tarjeta de crédito es muy fácil. Al principio te la pasan con un cierto cupo llamado “universitario”, que hoy ya se ha aumentado a más del triple, por ejemplo si empecé con $80.000 de cupo en Falabella, hoy ya tengo uno de $300.000. Entonces es muy sencillo que se acumulen deudas, además yo soy muy peligrosa con las tarjetas, las copo casi el mismo día que las pago”. Por su parte la madre de Karen, Teresa Sandoval, asegura haber tenido que asumir en muchas ocasiones las deudas de su hija, acarreándole serias discusiones con su esposo. “Es que los hijos creen que la plata sale de los árboles, no se dan cuenta del sacrificio que es ganarse cada peso. Por lo mismo, en la casa han habido algunas discusiones, pero al final es un circulo vicioso difícil de cerrar”, explica Teresa.
El caso de esta familia, se repite en cientos de hogares de nuestro país donde los hijos no tienen educación crediticia por lo que terminan llenos de deudas que finalmente traspasan a sus padres, ocasionando disputas e incluso cuadros depresivos por la angustia de no poder saldar las cuentas adquiridas.
Sin dinero, pero con tarjeta de crédito
Para nadie es un secreto que conseguir una tarjeta de crédito es tarea fácil, sobre todo, para los jóvenes. Basta con estar en segundo año de universidad y en algo más de 20 minutos se puede tener en las manos el anhelado dinero plástico. Lo que llama la atención es que en tiendas como Ripley o Falabella, no parece ser un requisito tener ingresos para convertirse en cliente, algo curioso cuando pensamos en qué pasaría si la tarjeta cae en manos de un consumista compulsivo. “Mis tarjetas de créditos las saqué súper fácil. De hecho los captadores llegaron a mi universidad, así que sin siquiera moverme tuve la tarjeta de crédito altiro”, asegura Pablo Goyheneche, estudiante de segundo año de Filosofía en la universidad Alberto Hurtado.
Para Juan Carlos Luengo, abogado jefe del Departamento Jurídico del SERNAC, este tipo de prácticas no es ilegal y argumenta que es deber de los jóvenes ser responsables a la hora de obtener un crédito.
En tanto para el economista de la universidad de Chile, Joseph Ramos, el tema de entregar tarjetas sin acreditar si el joven en cuestión posee trabajo o ingresos, pasa por un tema estratégico. “Las entidades comerciales saben a quien darle tarjetas, están concientes de que en el caso de los jóvenes universitarios habrá un futuro prometedor, donde serán profesionales con buenos ingresos, por ende es una especie de inversión. De otra forma, si se fueran a pérdida, ya no entregarían tarjetas”.
Ripley, representado por la Jefa de Créditos, Patricia Sáez, asegura que si bien ellos otorgan tarjetas a jóvenes lo hacen con criterio y responsabilidad. “Nosotros antes de decir sí a un joven, nos aseguramos de que esté realmente estudiando. Hacemos un estudio del comportamiento comercial de los padres y sólo ampliamos sus cupos al ver que son buenos clientes, o sea que cumplen y jamás se atrasan con sus pagos.” Al preguntar el por qué otorgan créditos a un sector que no tiene ingresos su respuesta fue que “lo importante es confirmar que son estudiantes, lo que por ende los convertirá en profesionales de buenos ingresos. Además nosotros lo vemos como una ayuda para ellos, ya que en muchos casos no tendrían como acceder a comprar materiales, ropa e incluso comida”. Falabella, mediante su Gerente de CMR, Gloria Cerón, coincide con el argumento de Ripley. “Si damos tarjetas a los jóvenes, es por ayudarlos y así también incentivar su sentido de la responsabilidad, para que comiencen a hacerse cargo de sus vidas”. Razones que parecen por lo bajo irrisorias, cuando hablamos de gigantes del retail.
¿Soy consumista?
“A veces compro por necesidad, otras cuando tengo pena o me fue mal en algo y para subirme el ánimo me doy un regalito. A veces sólo compro porque me gustan las cosas”, comenta Stefanía Schubert, de 21 años. Para esta joven, los factores de compra se condicen con su estado anímico, pues son muchas las variantes ligadas a este fenómeno. Para Javiera De La Plaza, sicóloga clínica de la universidad Diego Portales, estos jóvenes buscan mediante su comportamiento, revestirse de lo que carecen internamente. “Pasa que muchas veces estos niños se sienten solos y por medio de este comportamiento sacian sus carencias. Creen que con un lindo pantalón o polera pueden ser aprobados por el resto, pero en realidad están vacíos emocionalmente”.
Visto de este modo, la respuesta a la necesidad de consumo desmedido, refleja una falta de identidad, propósito y realización personal. Las personas se tornan materialistas y pierden sus aspiraciones verdaderamente importantes, “Los jóvenes deben entender que por más cosas que compren o tengan, no lograrán llenar los espacios y carencias. Ese es un trabajo más profundo que requiere de proceso”, explica la sicóloga.
El fenómeno del consumo según el sociólogo de la U. Central, Emilio Torres, está ligado a diversos factores como la competitividad, el éxito, la orientación y el sentido de vida. “Es difícil a nivel social, cambiar la conducta consumista. Pero si hay quienes están buscando la forma de revertir esto, son varios los colegios y padres que están implementando diversas tácticas que buscan volver a lo natural y a lo valórico con los niños, donde incluso hacen sus propios juguetes, etc. Hay una gama de otras posibilidades que no sean únicamente comprar.”
Uso del crédito responsable
La Corporación Nacional de consumidores y usuarios de Chile (CONADECUS) es una de las principales entidades de nuestro país orientadas a prestar ayuda al consumidor, por ello advierte, su Director, Hernán Calderón, que un buen uso de las tarjetas, es primordial, destacando que el crédito no es malo, pero que debe ser usado con responsabilidad, “Lo importante es que el cliente sepa que el crédito puede servir, pero tiene un alto costo si es mal utilizado. Hay que tener en cuenta en el caso de los créditos de consumo, el tema de la tasa de interés y no dejarse llevar por lo atractivo que parece, sino que informarse para no caer luego en posibles deudas”.
En tanto, el Director de la Organización de consumidores y usuarios de Chile (ODECU), Stefan Larenas, advierte a los jóvenes sobre el juego crediticio del mundo del retail. “Los primeros responsables del endeudamiento son los promotores que le meten en la cabeza a la gente que tenga tarjetas y luego el consumidor que no se informa, que no se educa en relación a las posibilidades. Porque no se puede tomar algo sin cerciorarse primero de los costos que esto tendrá.”
Características del consumista compulsivo
•La mayoría de las cosas que compra, están guardadas en el clóset y no han sido utilizadas nunca.
•Esconde las compras que realiza para que el resto no se de cuenta y no reaccioné negativamente.
•Oculta el comportamiento consumista para no dejar en evidencia que la conducta no tiene que ver con lo que necesita, sino que responde puramente a un impulso.
•Experimenta culpa y arrepentimiento luego de comprar excesivamente.
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Comprar para estar a la moda o para sentirse bien parece ser el mejor eslogan que las grandes tiendas utilizan para llamar la atención del público, que a diario necesita ser estimulado para que el negocio no se termine. Es ahí donde el sector joven adquiere protagonismo, convirtiéndose en una excelente cuna de clientes, ya que si bien no son dueños del dinero con el cual asumen sus deudas, sí son futuros profesionales que podrían conseguir gozar de lo que hoy es considerado como una “excelente billetera”.
Los captadores de créditos parecen ir en procesión por las calles del Barrio Universitario y por fuera de cualquier universidad. Acechan a los jóvenes como el tigre a las gacelas, para conseguir que éstos caigan ante la tentación del dinero plástico.
Sin embargo, quienes cooperan con el ciclo al comprar por simple gusto y no por necesidad, son los mismos jóvenes de entre 18 y 25 años, que ven en el consumo algo más que una mera transacción. Y es que aunque la crisis económica mundial marcó un cambio en los hábitos de consumo de los chilenos, provocando una baja inicial en las compras y una nueva escala de prioridades en cuanto a lo material, el sector joven de nuestra sociedad continuó influenciado por una poderosa industria que impone la trasformación del consumo por necesidad, por el consumismo vicioso.
Modernos reproductores de música hasta las últimas tendencias en vestuario, son los productos predilectos de estos jóvenes que ven en la tenencia de los mismos un valor agregado, una sensación de satisfacción y felicidad que aunque sea un simple placebo logra calmar sus ansias adquisitivas, el fenómeno del consumismo.
Confesiones de una compradora compulsiva
Catalina Muñoz, de 19 años estudia sicología en la universidad Alberto Hurtado y nos cuenta que para ella no hay límites cuando se trata de gastar. Tener lo que desea se ha convertido en una especie de mandamiento en su vida. “Soy bien consumista y compulsiva a la hora de comprar. Veo algo que me gusta y lo quiero tener altiro. Si no tengo para comprarlo en el momento, junto la plata como sea en unos pocos días y ya lo tengo, o le pongo caritas a mi papá y él me lo compra”.
Para Catalina, al igual que para tantos otros jóvenes, ni siquiera el dinero se convierte en un obstáculo predominante y concreto para obtener algo. Es así, como se produce una especie de transición hacia el materialismo y la banalidad. Los valores y el sentido de concientización quedan relegados, en un mundo regido por el lema: “soy lo que tengo” y que en muchas ocasiones trae consigo efectos no deseados.
Para Romina Orellana, otra joven estudiante de primer año de Derecho de la universidad Central, salir de su casa y no volver con algo nuevo para su clóset, se convierte simplemente en un calvario. “Yo voy a los malls sin tener una necesidad de comprar por no tener ropa, sino que lo hago porque me gusta y lo necesito para estar feliz. De hecho me siento muy reflejada con la película Confesiones de una compradora compulsiva”. El film al cual hace mención Romina, trata de una chica consumista que hace de la tarjeta un verdadero pasaporte al consumo desmedido, donde además cree que los maniquies le hablan y la invitan a adquirir lo que modelan. “Si bien, yo no creo que los maniquies me hablen, al verlos sí me pongo a pensar en cómo me vería yo con la ropa que ellos visten, entonces no me aguanto, entro y me lo compro todo”, dice Romina, con mirada emocionada. Un hecho que aunque parece increíble, no dista mucho de la realidad. Ser consumista compulsivo, no sólo es una adicción sino, un paso seguro a un sin fin de consecuencias que sin duda no son nada buenas.
Consumo y endeudamiento
La principal consecuencia del consumo irresponsable es el endeudamiento, así lo confirma un estudio realizado por el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV), en conjunto con el Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC), que arrojó como resultados que el 33% de los jóvenes de entre 18 y 25 años, o sea más de 1 millón 200 mil de ellos, tiene cierto grado de endeudamiento con bancos o tiendas. De los mismos, el 43% ni siquiera trabaja. La mayoría está en mora por tarjetas de crédito, la deuda promedio supera los 800 mil pesos y su tercera prioridad respecto a gastos, es pagar cuentas pendientes.
“Detrás del endeudamiento juvenil hay una familia, donde al final son los tutores los que pagan las deudas. Desde esa perspectiva la población que se ve más perjudicada son los sectores socioeconómicos medios y medios bajos, que quieren en base a los medios de comunicación, tener ciertos patrones de consumo, pero que sus ingresos no los pueden sostener”, confirma Juan Eduardo Faúndez, Director del INJUV.
Un hecho que refleja a cabalidad esta situación es el caso de Karen Gómez, de 23 años estudiante de Tecnología médica en la universidad Santo Tomás quien, producto de su devoción por las compras, ha debido enfrentar grandes deudas. “Lo que pasa es que sacar una tarjeta de crédito es muy fácil. Al principio te la pasan con un cierto cupo llamado “universitario”, que hoy ya se ha aumentado a más del triple, por ejemplo si empecé con $80.000 de cupo en Falabella, hoy ya tengo uno de $300.000. Entonces es muy sencillo que se acumulen deudas, además yo soy muy peligrosa con las tarjetas, las copo casi el mismo día que las pago”. Por su parte la madre de Karen, Teresa Sandoval, asegura haber tenido que asumir en muchas ocasiones las deudas de su hija, acarreándole serias discusiones con su esposo. “Es que los hijos creen que la plata sale de los árboles, no se dan cuenta del sacrificio que es ganarse cada peso. Por lo mismo, en la casa han habido algunas discusiones, pero al final es un circulo vicioso difícil de cerrar”, explica Teresa.
El caso de esta familia, se repite en cientos de hogares de nuestro país donde los hijos no tienen educación crediticia por lo que terminan llenos de deudas que finalmente traspasan a sus padres, ocasionando disputas e incluso cuadros depresivos por la angustia de no poder saldar las cuentas adquiridas.
Sin dinero, pero con tarjeta de crédito
Para nadie es un secreto que conseguir una tarjeta de crédito es tarea fácil, sobre todo, para los jóvenes. Basta con estar en segundo año de universidad y en algo más de 20 minutos se puede tener en las manos el anhelado dinero plástico. Lo que llama la atención es que en tiendas como Ripley o Falabella, no parece ser un requisito tener ingresos para convertirse en cliente, algo curioso cuando pensamos en qué pasaría si la tarjeta cae en manos de un consumista compulsivo. “Mis tarjetas de créditos las saqué súper fácil. De hecho los captadores llegaron a mi universidad, así que sin siquiera moverme tuve la tarjeta de crédito altiro”, asegura Pablo Goyheneche, estudiante de segundo año de Filosofía en la universidad Alberto Hurtado.
Para Juan Carlos Luengo, abogado jefe del Departamento Jurídico del SERNAC, este tipo de prácticas no es ilegal y argumenta que es deber de los jóvenes ser responsables a la hora de obtener un crédito.
En tanto para el economista de la universidad de Chile, Joseph Ramos, el tema de entregar tarjetas sin acreditar si el joven en cuestión posee trabajo o ingresos, pasa por un tema estratégico. “Las entidades comerciales saben a quien darle tarjetas, están concientes de que en el caso de los jóvenes universitarios habrá un futuro prometedor, donde serán profesionales con buenos ingresos, por ende es una especie de inversión. De otra forma, si se fueran a pérdida, ya no entregarían tarjetas”.
Ripley, representado por la Jefa de Créditos, Patricia Sáez, asegura que si bien ellos otorgan tarjetas a jóvenes lo hacen con criterio y responsabilidad. “Nosotros antes de decir sí a un joven, nos aseguramos de que esté realmente estudiando. Hacemos un estudio del comportamiento comercial de los padres y sólo ampliamos sus cupos al ver que son buenos clientes, o sea que cumplen y jamás se atrasan con sus pagos.” Al preguntar el por qué otorgan créditos a un sector que no tiene ingresos su respuesta fue que “lo importante es confirmar que son estudiantes, lo que por ende los convertirá en profesionales de buenos ingresos. Además nosotros lo vemos como una ayuda para ellos, ya que en muchos casos no tendrían como acceder a comprar materiales, ropa e incluso comida”. Falabella, mediante su Gerente de CMR, Gloria Cerón, coincide con el argumento de Ripley. “Si damos tarjetas a los jóvenes, es por ayudarlos y así también incentivar su sentido de la responsabilidad, para que comiencen a hacerse cargo de sus vidas”. Razones que parecen por lo bajo irrisorias, cuando hablamos de gigantes del retail.
¿Soy consumista?
“A veces compro por necesidad, otras cuando tengo pena o me fue mal en algo y para subirme el ánimo me doy un regalito. A veces sólo compro porque me gustan las cosas”, comenta Stefanía Schubert, de 21 años. Para esta joven, los factores de compra se condicen con su estado anímico, pues son muchas las variantes ligadas a este fenómeno. Para Javiera De La Plaza, sicóloga clínica de la universidad Diego Portales, estos jóvenes buscan mediante su comportamiento, revestirse de lo que carecen internamente. “Pasa que muchas veces estos niños se sienten solos y por medio de este comportamiento sacian sus carencias. Creen que con un lindo pantalón o polera pueden ser aprobados por el resto, pero en realidad están vacíos emocionalmente”.
Visto de este modo, la respuesta a la necesidad de consumo desmedido, refleja una falta de identidad, propósito y realización personal. Las personas se tornan materialistas y pierden sus aspiraciones verdaderamente importantes, “Los jóvenes deben entender que por más cosas que compren o tengan, no lograrán llenar los espacios y carencias. Ese es un trabajo más profundo que requiere de proceso”, explica la sicóloga.
El fenómeno del consumo según el sociólogo de la U. Central, Emilio Torres, está ligado a diversos factores como la competitividad, el éxito, la orientación y el sentido de vida. “Es difícil a nivel social, cambiar la conducta consumista. Pero si hay quienes están buscando la forma de revertir esto, son varios los colegios y padres que están implementando diversas tácticas que buscan volver a lo natural y a lo valórico con los niños, donde incluso hacen sus propios juguetes, etc. Hay una gama de otras posibilidades que no sean únicamente comprar.”
Uso del crédito responsable
La Corporación Nacional de consumidores y usuarios de Chile (CONADECUS) es una de las principales entidades de nuestro país orientadas a prestar ayuda al consumidor, por ello advierte, su Director, Hernán Calderón, que un buen uso de las tarjetas, es primordial, destacando que el crédito no es malo, pero que debe ser usado con responsabilidad, “Lo importante es que el cliente sepa que el crédito puede servir, pero tiene un alto costo si es mal utilizado. Hay que tener en cuenta en el caso de los créditos de consumo, el tema de la tasa de interés y no dejarse llevar por lo atractivo que parece, sino que informarse para no caer luego en posibles deudas”.
En tanto, el Director de la Organización de consumidores y usuarios de Chile (ODECU), Stefan Larenas, advierte a los jóvenes sobre el juego crediticio del mundo del retail. “Los primeros responsables del endeudamiento son los promotores que le meten en la cabeza a la gente que tenga tarjetas y luego el consumidor que no se informa, que no se educa en relación a las posibilidades. Porque no se puede tomar algo sin cerciorarse primero de los costos que esto tendrá.”
Características del consumista compulsivo
•La mayoría de las cosas que compra, están guardadas en el clóset y no han sido utilizadas nunca.
•Esconde las compras que realiza para que el resto no se de cuenta y no reaccioné negativamente.
•Oculta el comportamiento consumista para no dejar en evidencia que la conducta no tiene que ver con lo que necesita, sino que responde puramente a un impulso.
•Experimenta culpa y arrepentimiento luego de comprar excesivamente.
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