'Jarabe' para el desempleo - UPIU.com
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
    




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Comunicación Social, Universidad del Cauca
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8 feb. 2010 at 5:38pm

'Jarabe' para el desempleo

En Colombia hay 8 millones 300 mil personas subempleadas, que claramente se pueden asociar con las personas que se dedican al “rebusque”.

Por: Alejandro Córdoba

“Confieso que en un principio me dio vergüenza trabajar como carretillero, pero ante la crisis económica tan dura por la que atravesaba, me animé. Llevaba cuatro años buscando trabajo. De vez en cuando salía por ahí un puestico en construcción, pintando una casa, hasta cuidé una gallera por el occidente de la ciudad, pero esos no eran trabajos estables ni de buena remuneración económica”.

Así habla Rodrigo o ‘Jarabe’- como le dicen sus amigos- de más de 50 años de edad quien, ante el frío de las 5 de la mañana del domingo, espera en la galería de la Calle 13 su primer viaje "para despegar”, como él dice.

“Volteaba por todas las calles de Popayán, rebuscándome la platica para poderle llevar algo de comer a mis tres hijos y a mi mujer. Era desesperante, a veces no encontrar nada, hasta que un día, un amigo que trabaja en la galería la 13, me dijo que me tenía el trabajo para que no siguiera deambulando por la ciudad. Le vendo un carretilla que tengo para que usted comience a rebuscarse por aquí llevando mercados, mire que trabajando en la galería no le va a faltar la comida, fue lo que me dijo”.

El “rebusque” es la palabra que desde hace un par de años ha tomado fuerza en Colombia. Ante la falta de un empleo estable, muchas personas deben recurrir a diferentes trabajos informales.

Popayán, según el último informe revelado por el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas), es la segunda ciudad de Colombia con mayor número de personas sin trabajo. La capital caucana presenta una tasa de desempleo del 18,4 por ciento, muy por encima del promedio nacional. Se calcula que en Colombia hay 8 millones 300 mil personas subempleadas, que claramente se pueden asociar con las personas que se dedican al “rebusque”.

Son personas que no tienen horario, ni sueldo fijo, como ‘Jarabe’. Él se levanta desde las 4.30 de la madrugada para irse a trabajar. “Tal vez eso es lo más difícil”, dice, mientras busca su primer mercado para llevar, entre las primeras personas que salen de la plaza .

‘Jarabe’, se ubica entre la carrera 7 con calle 13, viene todos los días desde la 5 de la mañana hasta las 2 de la tarde desde hace 2 años y aunque afirma que ahora la situación está difícil, lo que se gana mensualmente -que son entre 150 y 200 mil pesos, es decir 8 o 10 mil pesos diarios “cuando son días buenos”-, alcanza para sostener a su familia. “Nosotros no somos como otras personas que comen cosas caras, a nosotros con esa platica sí nos alcanza”, afirma.


“Ningún colombiano se muere de hambre”

“Vale 70 mil pesos la carretilla, me dijo mi amigo, pero como estaba viejita me desanimé, además sentía vergüenza trabajar como carretillero”. Antes, ‘Jarabe’ tenía tierras en el campo, tenía su parcela y su casa, pero según él, las cosas por allá se complicaron y tuvo que vender todo y venirse para Popayán a buscar un mejor futuro.

“Dame 50 mil pues para que trabajés… vea hermano, hágale que con eso despega, fue lo que terminó por convencerme para comprar la carretilla”, recuerda ‘Jarabe’ sonriente mientras entramos a la plaza de mercado en busca de su primer viaje.

“Buenos días Don Chucho, ¿ya está listo el mercado para irlo a dejar?, pregunta ‘Jarabe’…
Hágale que ahí está, responde su provisional jefe, y acto seguido le entrega las llaves para que pueda entrar el mercado en la casa.

Ganar confianza con la gente que va al mercado es clave. “Al principio uno va con la persona hasta la casa, pero después que uno coge confianza con ellos, uno va solo, se agarra el mercado y lo lleva hasta la casa de los patrones”, menciona mientras esquiva a las personas que se encuentran comprando víveres.

Rodrigo o ‘Jarabe’ es de una vereda llamada La Cuchilla, perteneciente al municipio de La Sierra, ubicada al sur del departamento del Cauca. Dice que desde niño tuvo que trabajar porque no le gustaba ir a la escuela, “me ponían a cargar bultos de café, papa y otras cosas. La vida en el campo también es dura”.

Además también trabajó en una chiva, llamada ‘Los Cuncios’ durante 14 años como ayudante, donde tenía que cargar cosas pesadas y exigir de su cuerpo gran fuerza. “Tal vez por eso pude adaptarme rápido al trabajo de carretillero, tal vez por eso no me cuesta recorrer las calles de la ciudad dejado mercados en las diferentes casas”.

Mientras vamos a dejar el mercado a la casa, ‘Jarabe’, un poco sonriente, comenta cómo fue su primer ‘mandado’ con su primera carretilla. “Esa vez pensé que había sido un mal negocio comprarla y me dirigía para la plaza de mercado con mucho ‘asare’, con pena, y pensando qué le llevaría a mis hijos de comer al final del día y escuché el grito de una señora ¿está libre?, volteé a mirar y ella se dirigía hacia mí… Tan novato era en ese negocio que cuando llevé el mercado hasta la casa de la señora, no sabía cuánto cobrar, pero ella de muy buena forma me dijo que siempre pagaba $1500. Ese fue mi primer viaje y mi primer pago y lo que me motivó para comenzar a trabajar como carretillero, porque ese día sí no tenía qué llevar a la casa. Con ese mandado ya podría llevarles aunque sea pan para que comieran.”

El caso de ‘Jarabe’ solo es uno de los tantos ejemplos de rebusque que a diario se pueden vivir en Popayán. No es nada extraño encontrar a personas humildes con improvisados oficios que invaden diferentes puntos de la ciudad, como la galería o el centro histórico para vender sus productos: lapiceros, agendas, películas, minutos, frutas, u otros implementos que les permita ganar dinero.

Pero el gran problema es que cada vez hay menos empleo y más desempleados que en medio de su desespero tratan de sumarse a la ideas del trabajo informal o ‘rebusque’ que otros ya han asumido, lo que provoca más competencia y menos dinero para los mismo comerciantes, generando así en una verdadera crisis social y económica que podría estallar, pues detrás de cada persona que se rebusca “el pan de cada día” hay una familia que mantener.

“Mi amigo tenía razón: desde que vine a trabajar aquí, nunca le ha faltado la papita a mis tres hijos y a mi mujer, y aunque por estos días el sol es insoportable y uno pelea con los señores de los colectivos por la vía, es un poco fuerte, estoy muy contento”, dice ‘Jarabe’ quién responde al llamado de una mano, su sexto viaje a las 11 de la mañana.

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