5 mar. 2010 at 11:31pm
10 años de invasión en la Quebrada Pubús
En las entrañas de un asentamiento humano en Popayán.
Se conmemoran 10 años de la conformación de un amplio sector en la periferia de Popayán, que es reflejo de lo que sucede en muchas ciudades de Colombia.
Pubús es una bomba social que se arma con cuadros de desnutrición aguda en los niños, violencia intrafamiliar, miseria, y hasta crímenes de Estado, materializados en casos de los mal llamados “falsos positivos”.
Por: Harold E. Ordoñez C.
Pubús está ubicado al sur occidente de la ciudad de Popayán. El asentamiento se apropia del nombre de una quebrada, alrededor de la cual se tejen miles de historias, conformando en sus orillas un cordón de esperanza, miseria, alegría y violencia.
Se formó el 4 de enero de 2000, y desde entonces es el reflejo no solo de la pobreza, sino también de una gran diversidad que se puede ver, oler y sentir cuando se camina por sus callejones de tierra pisada.
Ahí llegan personas víctimas de todo tipo de violencia y de todas las regiones, lo que se evidencia en las múltiples formas como se dibujan ‘Los Ranchos’. Es un desorden visual que tiene su lógica, pues se puede ver cómo los ranchos de personas que han llegado de la costa, se construyeron de forma horizontal, alzados por lo menos un metro sobre la tierra. Otros edificaron directamente sobre el suelo, regularmente campesinos, que pisaron la tierra hasta casi sacarle brillo, mientras algunos citadinos decidieron decorar con baldosa barata, armando collages con lozas de todo tipo, sin importar si cuadran o no, pues lo importante para ellos es que sus pies no toquen tierra.
En este pedazo de Popayán, también existe un trayecto donde todos los ranchos son de dos pisos y de balcón, lo que le otorga un aire colonial inconfundible. A su modo, los habitantes procuran que quienes pasan por allí, hagan el ejercicio de imaginarse cómo se vería ese tramo si las casas estuvieran pintadas de blanco, si tuvieran tejas de barro en lugar del techo de zinc, y si en esos balcones hubiera floridos geranios, y no la ropa extendida esperando el sol que nunca llega.
Los habitantes la ven así como una caricatura de ‘La Calle del Cacho’ –calle tradicional del centro histórico de Popayán-, o como otra versión del tradicional ‘Pueblito Patojo’, lugar que todo el tiempo atrae a decenas de turistas. Pero éste, su propia caricatura del pueblito, está ubicado en los suburbios, donde una cerveza no cuesta más de medio dólar, donde cualquier hueco se convierte en rancho y en donde en cada rancho no puede faltar un televisor.
Este tejido comenzó hace diez años, cuando un grupo de treinta familias humildes y buenas, se cansó de que las robaran con proyectos de vivienda que nunca se cumplían, de políticos corruptos que asaltan sus votos con promesas mentirosas de desarrollo, y de ser un cero a la izquierda –que aun no dejan de serlo- para la Administración Municipal.
"El que se casa quiere casa y un costal para la plaza"
Estas familias se convirtieron en el cerillo que encendió las riberas de la quebrada Pubús, como si lo que bajara por su cauce no fuese agua sino gasolina. De las treinta que en un principio llegaron, en un abrir y cerrar de ojos se multiplicaron: ya eran trescientas, y más adelante ascendió a tres mil ochocientas familias. Así se armó un coctel de desplazados, destechados y avivatos que vieron en la invasión una oportunidad imperdible de negocio.
Los primero días fueron duros, "teníamos que conseguir comida para 600 personas y había gente que ya no alcanzaba. Para mí eso era demasiado duro, pero no podía hacer nada. Murieron dos personas de La vega –un municipio del Cauca- y un niño por desnutrición aguda", cuenta Ferney, mejor conocido como ‘El Mono’, uno de los primeros líderes.
La situación de la comida era crítica y el problema se agudizaba cuando tenían que luchar con el estómago vacío contra los caballos bien alimentados de la policía, que arremetían contra los cambuches dañándoles lo poco que tenía para vivir. Durante seis meses estuvieron jugando al gato y al ratón, la policía les tumbaba todo a un lado de la quebrada y ellos construían en el otro. "Ellos nos retaban, a ver quien se cansa primero. Nosotros nos cansábamos pero tampoco teníamos a dónde irnos. Llevamos diez años en esta invasión y estamos cansados pero seguimos sin tener para dónde ir", afirma Olga, esposa de Balbino, que en paz descanse.
Muchos inescrupulosos se hicieron pasar por personas necesitadas para conseguir una nueva propiedad o peor aún, construir un rancho inhabitable para arrendárselo a alguien que se viera en la necesidad de adquirirlo, pues "el que no tiene nada, aunque sea en un hueco tiene que vivir. Quiéralo o no, tiene que pagar arriendo", dice ‘El Mono’ con desaliento en el rostro, mientras recuerda las duras luchas contra la fuerza pública y sus mayores detractores, los dueños de las casas de los barrios cercanos a la quebrada, quienes se oponían con todo rigor hasta que la policía dejó de intentar despejar la zona.
Por eso los habitantes de los barrios vecinos entendieron que la invasión llegó para quedarse y también cómodamente se pusieron a invadir. "Los dueños de las casas hacían así por ejemplo: las escrituras de la casa estaban a nombre del señor, entonces hacían un rancho y acá –en el asentamiento- figuraba su mujer, y si tenían cinco hijos, entonces cinco ranchos, y uno no podía decir nada porque cada uno necesita su casa, porque qué, el que se casa quiere casa y un costal para la plaza", afirma doña Consuelo, habitante del sector.
De esta manera en un mismo núcleo familiar podía haber más de cinco beneficiarios.
Este es el mayor problema que hay: "No todos los que están son, y no todos los que son están", como declaró el concejal Luis Alberto Peña ante el Concejo Municipal de Popayán, en una sesión ordinaria para la ilustración del proyecto de la ciudadela "Las Guacas", donde posiblemente serán reubicadas muchas de estas familias.
Balbino y otros “Falsos Positivos”
La quebrada Pubús teje miles de historias a lo largo de su cauce, y una de ellas es la desafortunada amistad de Victoria Montenegro con Balbino Gómez.
Vicky, como le decían todos, era una mujer joven, blanca, alta y de pelo melenudo para quien su batalla diaria era con el sobrepeso y la lonchera de su hijo. Un buen día decidió irse de la casa de sus padres –grandes contradictores del asentamiento- e instalarse en un rancho de la invasión junto con el papá de su único hijo.
Los problemas no se hicieron esperar. Pronto tuvo que sufrir la separación de alguien que desde tiempo atrás ya la ignoraba y a quien no pudo retener ni con sus amenazas de suicidio con las que hizo correr a sus padres y vecinos varias veces. "Ella pensaba que él le había hecho brujería porque a pesar de que la maltrataba y era bien mujeriego, ella le rogaba que no la dejara", dice Consuelo, recordando con desaliento las largas jornadas donde le repetía una y mil veces –mentiras piadosas- "que era bonita y joven, con todas las posibilidades para reconstruir su vida".
Esas palabras de aliento de Doña Consuelo y otras vecinas de la cuadra le inyectaron una energía renovada a "Vicky". Se involucró en la organización del asentamiento haciendo las actividades que todos hacían, lejos de la comodidad a la que estaba acostumbrada en la casa de sus padres.
"Vicky conoció a Balbino cuando les tocaba prestar guardia. (…) Se volvieron amigos, salían todo el tiempo. Iban al billar, jugaban parqués, se iban a rumbear", recuerda Olga mientras se aferra a su única hija para amortiguar el dolor que le causan los recuerdos.
Victoria, logró una vida divertida: rumba, recocha, muchos amigos -principalmente hombres-. Vendió el rancho y volvió a la comodidad de su casa. Su vida social continuaba entre las paredes de tabla y las calles terrosas del asentamiento, donde conocería a José Tránsito Lucumí, con quien iniciaría un nuevo romance y con quién, según registró la mayoría de medio nacionales de noticias, convenció a por lo menos cuatro hombres para ir a trabajar a tierras lejanas, a cada uno con un cuento distinto y en tiempos diferentes, pero que terminaron asesinados de la misma manera.
"La muerte de estos jóvenes caucanos fue presentada como un operativo del Gaula del Ejército de Montería. Unos fueron sindicados de guerrilleros y otros de delincuentes, caídos en combates", reseñó el periódico El Tiempo el 25 de mayo de 2009. Entre ellos estaba Balbino. Cuatro hombres asesinados a sangre fría por el único delito de nacer pobres, ser amigos de Vicky y tomar la decisión equivocada en tiempos de la Seguridad Democrática: viajar a trabajar.
Efrén Darío Chantre Rivera, Diyer Andrés Varona Valencia, Yeisson David Hidrobo Hoyos y Balbino Arley Gómez: que en paz descansen.
Esta quebrada no ha parado de contar historias buenas y malas. Buenas como la de Janeth Mosquera Rivera, condecorada nacionalmente como Mujer Cafam en el 2007, y malas como los crímenes de Estado llamados “Falsos Positivos”.
Muchas de estas familias esperan unirse a la celebración Latinoamericana del bicentenario, para festejar los 200 años de emancipación, aun cuando están cumpliendo 10 años de olvido, sometidos a una pobreza absoluta.
10 años sin ser tenidos en cuenta por el Estado. Miles de estas familias esperan que en este 2010 por La Pubús corran aguas nuevas.
Responder con tu propio contenido
Se conmemoran 10 años de la conformación de un amplio sector en la periferia de Popayán, que es reflejo de lo que sucede en muchas ciudades de Colombia.
Pubús es una bomba social que se arma con cuadros de desnutrición aguda en los niños, violencia intrafamiliar, miseria, y hasta crímenes de Estado, materializados en casos de los mal llamados “falsos positivos”.
Por: Harold E. Ordoñez C.
Pubús está ubicado al sur occidente de la ciudad de Popayán. El asentamiento se apropia del nombre de una quebrada, alrededor de la cual se tejen miles de historias, conformando en sus orillas un cordón de esperanza, miseria, alegría y violencia.
Se formó el 4 de enero de 2000, y desde entonces es el reflejo no solo de la pobreza, sino también de una gran diversidad que se puede ver, oler y sentir cuando se camina por sus callejones de tierra pisada.
Ahí llegan personas víctimas de todo tipo de violencia y de todas las regiones, lo que se evidencia en las múltiples formas como se dibujan ‘Los Ranchos’. Es un desorden visual que tiene su lógica, pues se puede ver cómo los ranchos de personas que han llegado de la costa, se construyeron de forma horizontal, alzados por lo menos un metro sobre la tierra. Otros edificaron directamente sobre el suelo, regularmente campesinos, que pisaron la tierra hasta casi sacarle brillo, mientras algunos citadinos decidieron decorar con baldosa barata, armando collages con lozas de todo tipo, sin importar si cuadran o no, pues lo importante para ellos es que sus pies no toquen tierra.
En este pedazo de Popayán, también existe un trayecto donde todos los ranchos son de dos pisos y de balcón, lo que le otorga un aire colonial inconfundible. A su modo, los habitantes procuran que quienes pasan por allí, hagan el ejercicio de imaginarse cómo se vería ese tramo si las casas estuvieran pintadas de blanco, si tuvieran tejas de barro en lugar del techo de zinc, y si en esos balcones hubiera floridos geranios, y no la ropa extendida esperando el sol que nunca llega.
Los habitantes la ven así como una caricatura de ‘La Calle del Cacho’ –calle tradicional del centro histórico de Popayán-, o como otra versión del tradicional ‘Pueblito Patojo’, lugar que todo el tiempo atrae a decenas de turistas. Pero éste, su propia caricatura del pueblito, está ubicado en los suburbios, donde una cerveza no cuesta más de medio dólar, donde cualquier hueco se convierte en rancho y en donde en cada rancho no puede faltar un televisor.
Este tejido comenzó hace diez años, cuando un grupo de treinta familias humildes y buenas, se cansó de que las robaran con proyectos de vivienda que nunca se cumplían, de políticos corruptos que asaltan sus votos con promesas mentirosas de desarrollo, y de ser un cero a la izquierda –que aun no dejan de serlo- para la Administración Municipal.
"El que se casa quiere casa y un costal para la plaza"
Estas familias se convirtieron en el cerillo que encendió las riberas de la quebrada Pubús, como si lo que bajara por su cauce no fuese agua sino gasolina. De las treinta que en un principio llegaron, en un abrir y cerrar de ojos se multiplicaron: ya eran trescientas, y más adelante ascendió a tres mil ochocientas familias. Así se armó un coctel de desplazados, destechados y avivatos que vieron en la invasión una oportunidad imperdible de negocio.
Los primero días fueron duros, "teníamos que conseguir comida para 600 personas y había gente que ya no alcanzaba. Para mí eso era demasiado duro, pero no podía hacer nada. Murieron dos personas de La vega –un municipio del Cauca- y un niño por desnutrición aguda", cuenta Ferney, mejor conocido como ‘El Mono’, uno de los primeros líderes.
La situación de la comida era crítica y el problema se agudizaba cuando tenían que luchar con el estómago vacío contra los caballos bien alimentados de la policía, que arremetían contra los cambuches dañándoles lo poco que tenía para vivir. Durante seis meses estuvieron jugando al gato y al ratón, la policía les tumbaba todo a un lado de la quebrada y ellos construían en el otro. "Ellos nos retaban, a ver quien se cansa primero. Nosotros nos cansábamos pero tampoco teníamos a dónde irnos. Llevamos diez años en esta invasión y estamos cansados pero seguimos sin tener para dónde ir", afirma Olga, esposa de Balbino, que en paz descanse.
Muchos inescrupulosos se hicieron pasar por personas necesitadas para conseguir una nueva propiedad o peor aún, construir un rancho inhabitable para arrendárselo a alguien que se viera en la necesidad de adquirirlo, pues "el que no tiene nada, aunque sea en un hueco tiene que vivir. Quiéralo o no, tiene que pagar arriendo", dice ‘El Mono’ con desaliento en el rostro, mientras recuerda las duras luchas contra la fuerza pública y sus mayores detractores, los dueños de las casas de los barrios cercanos a la quebrada, quienes se oponían con todo rigor hasta que la policía dejó de intentar despejar la zona.
Por eso los habitantes de los barrios vecinos entendieron que la invasión llegó para quedarse y también cómodamente se pusieron a invadir. "Los dueños de las casas hacían así por ejemplo: las escrituras de la casa estaban a nombre del señor, entonces hacían un rancho y acá –en el asentamiento- figuraba su mujer, y si tenían cinco hijos, entonces cinco ranchos, y uno no podía decir nada porque cada uno necesita su casa, porque qué, el que se casa quiere casa y un costal para la plaza", afirma doña Consuelo, habitante del sector.
De esta manera en un mismo núcleo familiar podía haber más de cinco beneficiarios.
Este es el mayor problema que hay: "No todos los que están son, y no todos los que son están", como declaró el concejal Luis Alberto Peña ante el Concejo Municipal de Popayán, en una sesión ordinaria para la ilustración del proyecto de la ciudadela "Las Guacas", donde posiblemente serán reubicadas muchas de estas familias.
Balbino y otros “Falsos Positivos”
La quebrada Pubús teje miles de historias a lo largo de su cauce, y una de ellas es la desafortunada amistad de Victoria Montenegro con Balbino Gómez.
Vicky, como le decían todos, era una mujer joven, blanca, alta y de pelo melenudo para quien su batalla diaria era con el sobrepeso y la lonchera de su hijo. Un buen día decidió irse de la casa de sus padres –grandes contradictores del asentamiento- e instalarse en un rancho de la invasión junto con el papá de su único hijo.
Los problemas no se hicieron esperar. Pronto tuvo que sufrir la separación de alguien que desde tiempo atrás ya la ignoraba y a quien no pudo retener ni con sus amenazas de suicidio con las que hizo correr a sus padres y vecinos varias veces. "Ella pensaba que él le había hecho brujería porque a pesar de que la maltrataba y era bien mujeriego, ella le rogaba que no la dejara", dice Consuelo, recordando con desaliento las largas jornadas donde le repetía una y mil veces –mentiras piadosas- "que era bonita y joven, con todas las posibilidades para reconstruir su vida".
Esas palabras de aliento de Doña Consuelo y otras vecinas de la cuadra le inyectaron una energía renovada a "Vicky". Se involucró en la organización del asentamiento haciendo las actividades que todos hacían, lejos de la comodidad a la que estaba acostumbrada en la casa de sus padres.
"Vicky conoció a Balbino cuando les tocaba prestar guardia. (…) Se volvieron amigos, salían todo el tiempo. Iban al billar, jugaban parqués, se iban a rumbear", recuerda Olga mientras se aferra a su única hija para amortiguar el dolor que le causan los recuerdos.
Victoria, logró una vida divertida: rumba, recocha, muchos amigos -principalmente hombres-. Vendió el rancho y volvió a la comodidad de su casa. Su vida social continuaba entre las paredes de tabla y las calles terrosas del asentamiento, donde conocería a José Tránsito Lucumí, con quien iniciaría un nuevo romance y con quién, según registró la mayoría de medio nacionales de noticias, convenció a por lo menos cuatro hombres para ir a trabajar a tierras lejanas, a cada uno con un cuento distinto y en tiempos diferentes, pero que terminaron asesinados de la misma manera.
"La muerte de estos jóvenes caucanos fue presentada como un operativo del Gaula del Ejército de Montería. Unos fueron sindicados de guerrilleros y otros de delincuentes, caídos en combates", reseñó el periódico El Tiempo el 25 de mayo de 2009. Entre ellos estaba Balbino. Cuatro hombres asesinados a sangre fría por el único delito de nacer pobres, ser amigos de Vicky y tomar la decisión equivocada en tiempos de la Seguridad Democrática: viajar a trabajar.
Efrén Darío Chantre Rivera, Diyer Andrés Varona Valencia, Yeisson David Hidrobo Hoyos y Balbino Arley Gómez: que en paz descansen.
Esta quebrada no ha parado de contar historias buenas y malas. Buenas como la de Janeth Mosquera Rivera, condecorada nacionalmente como Mujer Cafam en el 2007, y malas como los crímenes de Estado llamados “Falsos Positivos”.
Muchas de estas familias esperan unirse a la celebración Latinoamericana del bicentenario, para festejar los 200 años de emancipación, aun cuando están cumpliendo 10 años de olvido, sometidos a una pobreza absoluta.
10 años sin ser tenidos en cuenta por el Estado. Miles de estas familias esperan que en este 2010 por La Pubús corran aguas nuevas.
Enviar por email
Responder con tu propio contenido
MÁS VISITADOS
Stories
Photos
Video

