5 jul. 2010 at 11:56am
La violencia en el Perú: Treinta años luchando por cerrar las heridas
En la madrugada del 17 de mayo de 1980, cinco encapuchados quemaron las ánforas electorales de Chuschi, un pequeño distrito de la región de Ayacucho. No pasó mucho tiempo cuando fueron arrestados y aparentemente todo volvió a la calma. Los pobladores no sospecharon que este sería sólo el principio de veinte años posteriores de violencia y dolor para el pueblo peruano.
Hoy, treinta años después de la insurrección en Chuschi, muchos quieren pasar la página. Sin embargo, detrás del olvido y la impunidad permanece la lucha de los familiares de alrededor de 15000 desaparecidos durante la época de la violencia en el Perú.
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Según el antropólogo forense José Pablo Baraybar, los desaparecidos se encuentran aún enterrados en 4600 fosas comunes dispersas en el territorio peruano
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En la actualidad, muchas familias continúan buscando a sus parientes. Es el caso de Adelina García. A sus 44 años no olvida lo que ocurrió la noche del 1 diciembre de 1983. “Eran las 12h30 de la noche cuando entraron los militares a mi casa y se llevaron a mi esposo... Lo desaparecieron”, recuerda Adelina con la mirada triste. Ella no volvió a saber de él.
“Para que no se repita”
En medio del escenario de violencia, en 1983 un grupo de mujeres de Ayacucho fundó la Asociación de familiares de secuestrados, detenidos y desaparecidos del Perú – ANFASEP. La mayoría de ellas son indígenas viudas, quechuablantes y analfabetas.
Adelina García preside la organización. “Nuestro objetivo es conseguir la verdad, la justicia y reparación para todos los desaparecidos”, afirma García. “Hemos sido detenidas, perseguidas por buscar a nuestros esposos, a nuestros hijos. Hemos sido olvidadas, pero seguimos luchando”, agrega.
El 40% de las víctimas de la época de violencia en el Perú pertenece a la región de Ayacucho, según la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Por eso, en 2005, los familiares de los desaparecidos y asesinados en tiempos de la violencia crearon el Museo de la Memoria en la capital Ayacucho.
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La Comisión de la Verdad y Reconciliación fue instaurada por el gobierno peruano para sacar a la luz los hechos cometidos durante el conflicto entre los grupos terroristas (en especial Sendero Luminoso) y el Estado. Publicó su informe final en 2003. 69 280 fue el número de muertos y desaparecidos que hubo durante el conflicto armado, según la CVR; el 46% provocadas por Sendero Luminoso, 30% por el Estado y 24% por otros.
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“Hemos implementado este Museo de la Memoria para que no se repita”, dice García. Explica que el objetivo es mostrar lo ocurrido para que las nuevas generaciones perciban la severidad de los hechos pasados y reflexionen.
El museo recoge las memorias y testimonios de los familiares de las víctimas. Además, dedica una zona a narrar lo ocurrido en la época del terror por medio de fotografías y representaciones de salas de tortura y fosas comunes. Prendas de vestir y otros objetos personales de seres queridos desaparecidos y asesinados se exponen en la “Sección de la nostalgia”.
Huamanquiquia
Situaciones similares viven miles de mujeres que se quedaron viudas por las acciones tanto de los Senderistas como de las Fuerzas Armadas. El caso de Huamanquiquia es un dramático ejemplo. Dos huellas de violencia sesgaron su historia.
La primera consistió en la detención masiva y posterior asesinato de treinta campesinos (hasta ahora enterrados en fosas comunes) en manos de militares en 1984. Para ese entonces el pueblo apoyaba a los líderes del partido comunista. En 1992, los senderistas masacraron a casi todos los hombres del pueblo en el patio de una escuela, luego de que vieran que el Estado en Huamanquiquia había recobrado popularidad.
De este último, el historiador Renzo Aroni recuenta: “Fue un episodio horroroso. Como ellos dicen, no había ni hombres para enterrar a tanta gente. Los sobrevivientes quedaron traumatizados al ver a sus seres queridos destrozados, muchos de ellos con miembros de su cuerpo cortados”.
Epifanía vivió de cerca la masacre de 1992. Recuerda que le costó reconocer a su esposo. “Cuando entré, no me di cuenta que había pisado a mi marido. Estaba en medio de la sangre desparramada. Mi padre estaba más allá, en cambio, con un hacha clavada en la cabeza”.
Huamanquiquia es hogar de decenas de viudas y huérfanos. Ellos visitan con frecuencia a sus difuntos en un cementerio improvisado casi veinte años atrás. Sin embargo les es difícil superar las secuelas de la violencia.
A Epifanía le ha costado mucho recuperarse emocionalmente de lo ocurrido. “Por tres años luego de la matanza, estuve muy confundida, muy mal de salud. Muchas viudas hemos tenido problemas con el alcohol y hasta hoy nos cuesta mantener una relación estable con nuevas parejas”, cuenta.
Las viudas han tenido que sostener el hogar trabajando el doble en sus chacras. Nadie atendió sus necesidades económicas o psicológicas. Aún cargan el dolor y el impacto emocional de haber perdido así a sus seres queridos.
Huamanquiquia no es el principal, ni el único caso. Existen otros en que incluso niños y madres embarazadas fueron masacrados, como en Putis. Ahí, más de cien comuneros fueron asesinados por los militares en 1984.
Casos similares ocurrieron principalmente en la serranía peruana y en pueblos quechuablantes. Lucanamarca, Cantuta, Hualla, Chuschi, Santa Tomás de Pata, entre otros, fueron atacados indistintamente por los militares y Sendero Luminoso.
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El 70% de los muertos eran indígenas.
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El sentido de la reparación
Los gobiernos posteriores a esta época han llevado a cabo las “Reparaciones colectivas” en todos los pueblos que han sido afectados por la violencia. Las reparaciones nacieron como una recomendación de la Comisión de la Verdad para reponer en forma colectiva a los pueblos afectados.
No obstante, la falta de voluntad política ha impulsado a que varios activistas en derechos humanos y familiares de víctimas insistan en la búsqueda dé algo más que obras públicas como reparaciones colectivas.
El Director del EPAF-Equipo Peruano de Antropología Forense, José Pablo Baraybar disiente del programa de reparaciones: “El tema de las reparaciones ha causado en el Perú una gran confusión de todo el escenario. Ha sido utilizado muchas veces para mostrar a las personas que ya no deberían insistir. Pero este es un tema de justicia”.
Asimismo, la funcionaria de la misma institución, Gisela Ortiz, señala que “el problema está en cómo se dan las reparaciones. Debería haber un consenso de qué quieren los pueblos por reparación”.
Gisela Ortiz fue una víctima más. El cuerpo de su hermano fue hallado hace poco. Ella ha seguido el proceso de cerca, como activista. “Yo reconozco que desde muy joven estuve en esto. Hasta ahora puedo decir que estoy afectada. Físicamente, cansada” expresa.
Ortiz persiste, pero está conciente de que a diferencia de ella, muchas personas están perdiendo las fuerzas. “Muchas víctimas son ancianos. Este desgaste puede ser una limitación, aunque de ninguna forma puede ser resignación u olvido”, añade.
El museo de la memoria
Lima tendrá su espacio para la memoria. Tras varios meses de oposición por parte de políticos radicales de derecha y el ministro de defensa peruano, finalmente el gobierno de Alan García aprobó la construcción del Museo de la Memoria.
El escritor Mario Vargas Llosa y otros artistas peruanos han liderado la defensa de la creación de este museo como un lugar para la reflexión. Aunque, en palabras de Gisela Ortiz, “ha habido dificultades para encontrar un sentido a la memoria”. Ortiz opina que “quienes están a cargo de la construcción del museo, deben ser sigilosos para que realmente se rinda homenaje a las víctimas sin discriminar entre bandos”.
El gobierno alemán había ofrecido dos millones de euros para la construcción del lugar. Meses atrás, el ministro de defensa de ese entonces rechazó esta suma alegando que un Museo de la Memoria “no es prioridad para el Perú”. Asimismo, el canciller peruano recalcó que “no es el momento ni la oportunidad para crear un museo que va a mantener las heridas abiertas”.
En 2009, el exministro de defensa del Perú, Ántero Flores-Aráoz, terminó por aceptar la decisión de construir el Museo de la Memoria en Lima. Flores-Áraoz ha declarado su discrepancia con los resultados de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Según el informe DE LA CVR, las Fuerzas Armadas y la Policía son responsables del 35% de las víctimas en la época de Sendero en el Perú.
La reconciliación
La activista del Colectivo “Para que no se repita”, Carmen De los Ríos señala que “en el Perú no se asume que están en una sociedad post-conflicto”. “El caso de Perú ha sido muy complejo en el sentido de que las fronteras entre las víctimas y los victimarios han sido muy difusas”, advierte De los Ríos. Con esto, enfatiza la falta de aceptación por parte de las fuerzas del orden de todos los excesos cometidos por ellos en la época de la violencia.
En evidencia, resalta el caso de el distrito ayacuchano de Putis. El actual ministro de Defensa, Rafael Rey declaró al medio peruano RPP en septiembre del año pasado que “no reconoce excesos en torno a la matanza Putis”. “Quizá porque nos preocupa mucho más lo que está sucediendo ahora, las muertes que hay ahora, que las que un entierro de cosas que sucedieron en el pasado”, dijo sin escrúpulos a RPP.
Frente a esto, De los Ríos señala que “el ejército está tomando una actitud de total impunidad. Ellos podrían reconocer estos casos”. A su vez, el Director del EPAF, José Pablo Baraybar coincide agregando que “los militares no quieren aceptar la culpa y los del medio somos quienes pagamos las consecuencias”. Además, el forense limeño recalca que “la cantidad de casos judicializados es muy poca”, refiriéndose a los casos de militares involucrados en violaciones.
Quizá sean necesarios más de treinta años para reparar los daños causados en el Perú. Mientras tanto, continúan en la espera, pero más que todo en la lucha, las mujeres y los hombres que no se conforman con la desaparición de sus seres más cercanos. Ahí están en Huamanquiquia, en Chuschi aún en la búsqueda de justicia, pero nunca del olvido.
Etiquetas: Perú, violencia, Sendero Luminoso, desaparecidos
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