Una herencia cultural con aires de realeza, Casa del Virrey en Cartago. Historias Perdidas, Parte 1. - UPIU.com
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
    




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Comunicación Social - Periodismo, Universidad Católica Popular del Risaralda
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21 jul. 2010 at 8:51pm

Una herencia cultural con aires de realeza, Casa del Virrey en Cartago. Historias Perdidas, Parte 1.

Casa del Virrey, Cartago, Valle (Colombia)
Casa del Virrey, Cartago, Valle (Colombia)
Por: María de los Ángeles Gómez, Jessica Montoya, Julieth Posada, Ángela Rave y Marcela Troya.


Vigilada por las miradas panorámicas de los caminantes transitorios, se posa una de las más alucinantes viviendas que en esta región se pueda encontrar. Un palacio de leyendas, de mitos y de culturas tejidas entre sí en un misticismo de historia y pasado. Se trata de una casa, que en su suelo esconde el dinamismo de un Virrey y que está resguardada por tesoros auténticos derramados por todo el lugar.

La Casa Del Virrey, es una reliquia plasmada como muestra de un antepasado, que descansa muy calladamente en la peatonal de la calle 13 del municipio de Cartago (Colombia), mientras que todo un pueblo en su olvido, ignorancia y prisa, la ha enterrado. No es sólo una casa, es una mansión de identidad que vió nacer a las personas más significativas de esta ciudad, es un lugar misterioso que cautiva con su imponente y llamativa presencia.

Abierta a la cotidianidad y al teatro, un teatro sin distinción de actores y espectadores, se encuentra un espectáculo arquitectónico para la vista, que vistiendo de blanco, con ventanas hechas en madera marrón, resalta entre los múltiples matices que surgen en esta arteria de la ciudad. El comercio agitado, la gente, los vendedores y uno que otro perro callejero, son los acompañantes de tan impresionante altar que a su vez le da un encanto único a sus alrededores.

Al sumergirse en la casa se puede inhalar la esencia del pasado, un olor que embriaga rebasando hasta el último poro y que ayuda a alucinar sobre lo que en algún momento de historia pudo ser. Un aroma arcaico y añejo que evoca toda la nostalgia y la fábula que en este territorio han tomado lugar.

Aquí se fusiona el estilo musulmán con el hispánico, hechiza por su madera finamente tallada y por sus largos pasadizos que encierran tradiciones. Está fue construida en piedra volcánica mezclada con materiales inmortales como el adobe, el ladrillo y la teja. Insumos que en su época fueron novedosos, al igual que sus balcones y ventanas que integran el espacio público con el espacio privado.

La Casa del Virrey o como se le llamaba desde la época de la colonia hasta finales de los años sesenta “La Casa de MariSancena”, fue catalogada como un patrimonio cultural en 1990, sin embargo fue construida a finales del siglo XVIII y según la reseña histórica de El Centro de Historia del municipio de Cartago, esta residencia fue edificada para recibir al Virrey Don José de Espeleta, quien mantenía las relaciones entre España y Colombia.

“Esta casa nunca fue construida para la llegada del Virrey, fue un regalo de bodas a Don Sebastián de Marisancena por parte de la familia de su esposa cuando contrajeron matrimonio” cuenta con anhelo Humberto Moriones, uno de los descendientes de Sebastián de MariSancena, quien vivió durante décadas en la Casa del Virrey.

A su vez, entre cuentos y cuentos Marco Tulio Pérez historiador del municipio, comenta que Sebastián de MariSancena la mandó a construir como casa de vivienda familiar; los relatos van cambiando de matiz, dependiendo quién lo narre, surgen falacias de sus historias por ser un espacio con tanto bagaje de recuentos.

Sebastián era un hombre altamente religioso, como lo evidencia un cuadro de colores marchitos por vivir en tantas décadas, pero que sin complique alguno ilumina por su tamaño uno de los primeros cuartos ubicados en la reliquia arquitectónica del Virrey, donde se le ve a Sebastián acompañado por vírgenes y santos, y donde se le puede apreciar con un pantalón blanco, un saco de color rojo fuerte, una camisa de boleros y una postura imponente, que sobresale de los otros personajes animados en la pintura.

Moriones opina con gran desacuerdo mientras agita sus manos en son de protesta; la casa no fue construida para la visita del virrey, sino que éste era muy allegado a Sebastián de MariSancena, él cual lo acompañaba en sus continuos viajes. En uno de estos fue nombrado como Alférez Real y se le concedió el escudo de la corona, por ende en la casa también se encontraba esta insignia, así que todos pensaban que la mansión era construida por la visita del virrey de Espeleta y no por el título que tenía Sebastián; Moriones llena sus pequeños ojos verdes de volátiles lágrimas, por la nostalgia que nace al revivir sus momentos de infancia y de juventud y al encontrar que poco a poco la verdad se ha ido evaporando, que con el pasar de los días surgen nuevas historias cada vez más alejadas de lo que realmente fue, la Casa de MariSancena.

Y por ser tan importante para una porción de los nativos de este sector, Marco Tulio Pérez, historiador cartaginense y antiguo vecino de la Casa del Virrey, conoce la historia y la evoca sin que su avanzada edad delatada por su melena blanca sea un impedimento. Marco Tulio cierra sus ojos, y seguido de un silencio los abre de nuevo, “La Casa del Virrey es llamada así ya que se le dio a Sebastián Sancena como regalo de bodas, tiempo después se le concedió el Mari que tiene como significado servidor de ultramar, después se convirtió en Alférez Real y las personas le daban el título de “Señor Virrey”, comenta Pérez, con una mirada pensativa y con una expresión en sus ojos que emanan sabiduría, hace parecer que se transporta en el tiempo.

“Sebastián vivió y murió en ésta casa hasta el fin de sus días, sin embargo su familia lo abandono después que él maltratara físicamente a su esposa y le fuese infiel con una esclava. Antes de que éste muriera su esposa entró a despedirse de él de espaldas, por que años atrás había jurado nunca volver a verlo” susurra Moriones mientras menea la cabeza exaltado por sus reminiscencias.

La casa del Virrey permaneció habitada por los herederos de MariSancena alrededor de unos 150 años; principalmente los descendientes Feijóo, Pinto y Moriones. Estos fueron hijos de la historia, nietos de la colonia, cuerpos llenos de recuerdos que se han ido disipando en la cosecha del olvido.

Fue entonces en 1990 que el ala sur de la casa se estableció como nueva sede del Centro de Historia y este lugar se convirtió en el refugio de la cultura cartaginense, su estructura fue divida en dos; en el extremo izquierdo se encuentra el conservatorio de música Pedro Morales Pino, fundado en 1954, cuyo nombre se debe al célebre músico y compositor Cartagueño. Conservatorio que está animado por el sonido de los diferentes instrumentos que se escuchan en paralelo, lugar que encierra una gama gris pero que a su vez se acopla perfectamente con las melodiosas voces de los niños que practican sus sones en un aula. Lugar de arquitectura tosca que se entrelaza con el vaivén de las caderas femeninas que en un salón repleto de espejos aprenden a menearse influenciadas por melodías árabes, y que por su contagioso acento invita a mover hasta el más intimo sentido.

En el sector derecho de este recinto, se puede apreciar el Centro de Historia, con pasillos amplios y luminosos donde se desprenden paredes que sirven para enmontar toneladas de cuadros antiquísimos, pinturas hechas a mano, fotografías a blanco y negro con un deterioro imperdonable por el tiempo. Entre sus pasillos se ubican unas pequeñas puertas que hacen la invitación a sus alcobas. Donde residen algunos cachivaches que hacen parte de una época pasada, una sala de forro rojo que se acompaña de un piano viejo con teclas blancas despercudidas, armarios en madera gruesa que ayudan a recobrar el ambiente del ayer.

Al final de este recinto se encuentra situado el archivo histórico sobre la historia local, donde se almacenan las memorias escritas de la ciudad, manuscritos con letra cursiva simétricamente perfecta, plasmadas en pergaminos antiguos que adquirieron un color amarillento, víctimas del tiempo y que llevan consigo el olor impregnado de los años, el olor a pasado.

Con un sabor a tiempos de colonia, con huellas de pasado que se enajena en el presente, ella sigue temerosa del perverso olvido del mañana y seguirá invitando a las personas sin rostro y estratégicamente buscara seducir al más perdido caminante. Querrá aferrarse a la historia, esquivar los años para no pertenecer al frio y oscuro reino de las historias perdidas.

Este relato es la voz, la voz de los callados, de las arquitecturas quietas y silenciosas por la sociedad ignorante. Cada palabra, cada coma, cada letra que en éste escrito se encierra, se convierte sigilosamente en un aliado de la luz, pues se le dio vida a un punto de olvido, se le otorgo palabra a lo muerto y se reconstruyo algo de la picara historia que aquí plasmada se deja.

Lugares como La Casa del Virrey, La Estación del Ferrocarril o La Casa Bolivariana, ayudan a formar una ciudad. Hacen parte del hombre así el hombre no la sienta parte de él. Estas tres locaciones son el punto de partida de la ciudad que se pierde en el llanto y la nostalgia de aquellos grandes seres que aun le dan la importancia a la historia. Estas tres símiles historias son un breve recuento de lo que se va, de la esencia que se perdió, porque mañana solo quedaremos en recuerdos, en las memorias de los que quieran recordar.

(Vea la historia de las otras dos historias perdidas en espanol.UPIU.com)



Etiquetas: Bicentenario, independencia de colombia, crónica, Cartago Valle, Casa del Virrey
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