7 ago. 2010 at 1:08pm
Fukuyama en el neoliberalismo del siglo XXI
Para que un país pueda adaptarse correctamente a un mundo globalizado, es fundamental que su gente tenga confianza en las instituciones: "Si el presidente roba no hay confianza en ese país; la sociedad civil debe organizarse, deben fortalecerse los partidos políticos, las organizaciones sociales, laborales y sindicales; la economía debe funcionar sobre valores éticos; y debe abrírsele paso al capital social, para que la fuerza laboral participe en forma más completa y adecuada en el proceso productivo".
Buscando un punto de partida que captara la esencia de este trabajo, encontré este postulado como realidad necesaria en cualquier sistema mundial. Con esta reflexión, Francis Fukuyama pareciera a simple vista un marxista identificado con su presente, que presupone los intereses sociales a los personales. Ahora bien, debemos tener en cuenta el contexto histórico en que se desarrolló el autor de "El fin de la historia y el último hombre", para entender la importancia de su obra en el mundo neoliberal.
Cuando el norteamericano Fukuyama asumía la caída del comunismo y el triunfo de las democracias liberales como fin de la historia y con ello el fin de las guerras sangrientas en una sociedad donde el hombre satisfaga sus necesidades a través de las actividades económicas sin arriesgar su vida, el mundo no estaba ante una de las crisis más devastadora de la historia humana (para no absolutizar el término) donde el Estado, que él llamaba a jugar un papel mínimo en la economía permitiendo que el capital privado se desenvuelva con la mayor seguridad jurídica posible, tuviera que nacionalizar bancos y otras empresas para subsistir . Y es que aunque se aparta de liberalismo más ortodoxo planteando que el individualismo es una “vulnerabilidad” de las democracias modernas y la cooperación es requisito del desarrollo, y asume que en el mundo la globalización es aún muy superficial porque la comercialización es regional, y que la cultura global televisiva no es el camino real y habla de la importancia para un país democrático estar conectado a la economía global. La práctica real ha demostrado con esta crisis económica a todos los incrédulos, que la globalización en materia de cooperación mundial es buena por todo lo que planteaba Fukuyama sobre la integración pero el modelo neoliberal no ha sido capaz de resolver los principales problemas que siguen aquejando a la sociedad como: altos índices de desempleo, trabajo en negro, pobreza y exclusión social. Hoy más que nunca el neoliberalismo enfrenta una visible crisis a nivel mundial se manifiesta también en las bajas tasas de crecimiento económico, en el deterioro ambiental, en los numerosos conflictos intra e internacionales, en el ejercicio unilateral de las políticas internacionales, , en los reclamos y protestas de indígenas, desempleados y excluidos en todas partes del mundo, en las criticas de personalidades como el Papa, y sobre todo en las recurrentes crisis de la burbuja financiera como características de los países capitalistas. Entonces: Se ha terminado la historia, ¿pero cuál?
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Buscando un punto de partida que captara la esencia de este trabajo, encontré este postulado como realidad necesaria en cualquier sistema mundial. Con esta reflexión, Francis Fukuyama pareciera a simple vista un marxista identificado con su presente, que presupone los intereses sociales a los personales. Ahora bien, debemos tener en cuenta el contexto histórico en que se desarrolló el autor de "El fin de la historia y el último hombre", para entender la importancia de su obra en el mundo neoliberal.
Cuando el norteamericano Fukuyama asumía la caída del comunismo y el triunfo de las democracias liberales como fin de la historia y con ello el fin de las guerras sangrientas en una sociedad donde el hombre satisfaga sus necesidades a través de las actividades económicas sin arriesgar su vida, el mundo no estaba ante una de las crisis más devastadora de la historia humana (para no absolutizar el término) donde el Estado, que él llamaba a jugar un papel mínimo en la economía permitiendo que el capital privado se desenvuelva con la mayor seguridad jurídica posible, tuviera que nacionalizar bancos y otras empresas para subsistir . Y es que aunque se aparta de liberalismo más ortodoxo planteando que el individualismo es una “vulnerabilidad” de las democracias modernas y la cooperación es requisito del desarrollo, y asume que en el mundo la globalización es aún muy superficial porque la comercialización es regional, y que la cultura global televisiva no es el camino real y habla de la importancia para un país democrático estar conectado a la economía global. La práctica real ha demostrado con esta crisis económica a todos los incrédulos, que la globalización en materia de cooperación mundial es buena por todo lo que planteaba Fukuyama sobre la integración pero el modelo neoliberal no ha sido capaz de resolver los principales problemas que siguen aquejando a la sociedad como: altos índices de desempleo, trabajo en negro, pobreza y exclusión social. Hoy más que nunca el neoliberalismo enfrenta una visible crisis a nivel mundial se manifiesta también en las bajas tasas de crecimiento económico, en el deterioro ambiental, en los numerosos conflictos intra e internacionales, en el ejercicio unilateral de las políticas internacionales, , en los reclamos y protestas de indígenas, desempleados y excluidos en todas partes del mundo, en las criticas de personalidades como el Papa, y sobre todo en las recurrentes crisis de la burbuja financiera como características de los países capitalistas. Entonces: Se ha terminado la historia, ¿pero cuál?
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