El encanto y hospitalidad de 'la huerta'  - UPIU.com
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
    




Sobre el autor

Fundación Universitaria INPAHU (Colombia)
Ver su perfil

Flag Post
1 sep. 2010 at 5:34pm

El encanto y hospitalidad de 'la huerta'

Un lugar abierto para todos. Una extraña combinación entre lo rural y lo urbano, que ofrece a sus visitantes su ‘cocina casual’ en horno de leña, y un encuentro diferente con la magia de unas tierras habitadas en la antigüedad por los indígenas.

A un par de kilómetros antes del municipio de Guasca, Cundinamarca, y 45 minutos de Bogotá, aparece en el mapa la Posada Café La Huerta. Un lugar tranquilo que yace junto a los cerros de una población colonizada hace ya varios años por los españoles, donde los amantes de la astronomía pueden admirar claramente el firmamento cuando el clima lo permite.

Sus muros, de color verde claro y blanco, delimitan el terreno en el que están construidas las casonas que conforman el sitio. Un aviso que dice: “pan en horno de leña” en cada esquina del portón indican que esa es la entrada, aquella que viste una reja metálica como los clásicos portones de las haciendas de principios del siglo XX.

Adentro, un escenario que parece haber desaparecido con la llegada del televisor a la vida cotidiana. Una casa de campo rodeada de naturaleza, un pequeño lago en todo el centro, y los vestigios del pasado regados por todo el lugar. Antigüedades que tienen más valor sentimental que monetario, como todas las que hay al lado de la caja hipnotizadora en los cuartos bogotanos.

De nuevo en el portón, y fuera del auto o el transporte, que casualmente puede ser un caballito de acero (bicicleta para los extranjeros), puede ser mejor tomar a la derecha. Allí, quedan la recepción y una pequeña sala de espera, en la que hay bastantes elementos con qué perder la atención.

Muebles rústicos característicos del lugar, libros, candelabros, vitrales, y hacia el techo, sobre la ventana principal, un letrero muy particular al que se le notan los años y está ilustrado con un pavo real el cual habla sobre el vuelo.

Es que la imaginación empieza a volar en un lugar tan hogareño como este. Hay un par de sillas de cuero, un trío mesas y una puerta de madera, por la cual se accede a la recepción. Ésta es como el espacio de transición entre el comedor y la sala de la entrada. Allí un mural que contiene el histórico de las publicaciones que han hecho del lugar, algunas fotografías y una colección de sombreros antiguos y un par de gorros que tienen un diseño ‘algo moderno’. Luego el comedor, que se puede describir con tres palabras: clásico, cálido y musical. Uno de los tantos pianos antiguos que hay por toda ‘La Huerta’ está precisamente a la entrada del comedor, justo donde confluyen el módem y el sistema de audio que ambienta con rancheras y boleros este espacio.

Después del piano (alemán, por cierto), se encuentra una galería de arte. “Los cuadros son del publicista y pintor italiano Gastón Betelli quien lleva radicado en Colombia más de 26 años”, cuenta Julia, la ama de llaves. “El resto de cosas que se ven en el comedor como decoración, son artículos que se han hecho acá, a mano, como la lámpara junto a la primer mesa que cuando la trajeron era una bombonera”, agrega.

Las mesas y las sillas, al igual que los baúles que hay regados en el suelo, han sido rescatados con el paso del tiempo. Sobre la comida, los platos que se pueden degustar también han sido ideados en casa. “Todos se han inventado con la experiencia”, dice Daisy, una de las colaboradoras del lugar; sus especialidades: el ‘Lomo Azul’ y el ‘Salmón Escandinavo’. También se encuentran recetas de Timor Oriental, Laos, Francia, México, Finlandia, Birmania y Turquía las cuales son muestras del arte culinario que agracian la experiencia gastronómica en el restaurante de esta Posada.

“Los panes del horno de leña, que no se apaga nunca, el de sartén y el matutino, son recetas que sólo se pueden probar en la mesa de ‘la Huerta’. Los postres no se quedan atrás. Los flameados de Manzana al Fuego y Bananas Brennan's son los puntos finales a una gran comida, como también pueden ser el Creme Bruleé de vainilla o el de chocolate”, concluye Daisy.

Pero además de la auténtica carta y el piano, la chimenea de leña en medio del salón es una de las características destacadas de este espacio. Es de aquellas ocasiones que traen consigo la melancolía de las cosas olvidadas, las cuales han desaparecido con la incursión de la tecnología a Colombia.

Por: Tico Alejandro Morales

Etiquetas: Hacienda, Turismo, Gastronomía
Enviar por email

Responder con tu propio contenido

MÁS VISITADOS
Stories
Photos
Video