1 sep. 2010 at 5:54pm
¿Hasta que la muerte los separe?
Cuando uno se enamora, pretende que la relación con esa persona sea perfecta, que el amor perdure y que los detalles nunca desaparezcan.
Sueñas con casarte vestida de blanco, en una playa paradisíaca, con invitados de lujo, en una ceremonia impecable y que te lleven de luna de miel en un crucero por el caribe. Antes de casarte te inventas todo un cuento de hadas, crees que te vas a vivir a una casa de muñecas, pero, ¿qué pasa cuando regresas a tu realidad?
Cuando una mujer se casa, de acuerdo a su experiencia, comienza a usar frases como: “los hombres son unos de novios y otros de esposos”, “¿dónde quedó el amor que me juró?”, son algunas expresiones que ha venido adoptando la sociedad conyugal.
Los hombres no se quedan atrás y también sacan a relucir un rosario de frases con un tono machista que escuchan desde que eran niños:”las mujeres cuando se casan cambian, son más controladoras y la intensidad se eleva a la décima potencia”, dicen muchos, tanto, que a “veces controlan y cuidan al marido como si fuera un hijo más en la casa”. Y empiezan a describirla como una “vieja chancluda, regañona, insoportable”, que el que menos creatividad tenga, se la imagina llena de rulos, con un pegote de mascarilla verde de pepino en la cara, bigotuda y gorda, en pocas palabras un terror de mujer. Y resulta que no es así, sólo que por lo general a los hombres les falta aplicar la comprensión femenina.
Nosotras simplemente nos preocupamos por ellos, sólo nos interesa saber que hace mientras está fuera de la casa, con quién sale a almorzar, cuál es el número más marcado en el celular, conocer sus contactos en el facebook, acompañarlo a la integraciones de la empresa los viernes en la noche, todo esto con la finalidad de compartir temas de interés en común.
¿Qué hay de cierto en estas afirmaciones, donde ellos se quejan de ellas y viceversa?
Tradicionalmente se dice que el hombre es el complemento de la mujer, que la mujer hace al hombre, que de ella depende que la relación funcione, en fin, toda la responsabilidad parece inclinarse sobre el sexo femenino, ¡qué duro nos toca! ¿cierto?
A veces alcanzo a creer que la peor parte del matrimonio la llevamos nosotras. Somos esposas, amigas, amantes, mamás, empleadas; porque ahora si no trabajas y aportas económicamente en tu casa estás pasada de moda. En el mercado femenino reina la mujer integral, la que trabaja todo el día, la que se especializa profesionalmente, la que atiende a los hijos y al marido, la que está pendiente de pagar las cuentas de la casa. Somos multifuncionales, y aún nos critican.
Es más, dicen por ahí los expertos en temas físicos y fisiológicos que la naturaleza masculina los hace débiles ante las faldas cortas, las camisas escotadas, los vestidos vaporosos.
El matrimonio es bello, es el origen de la familia, el núcleo de la sociedad, eso se pregona con fuerza en la actualidad, y efectivamente tienen razón los entes culturales, sociales y hasta religiosos que así lo profesan, pero sostener un buen matrimonio es como preparar una receta.
Póngale varias libras de comprensión, dos litros de armonía, una pizca de ternura, varios gramos de paciencia, muchas cucharadas de amor y pasión al gusto.
Un consejo: nunca pretenda cambiar al otro, el que es no deja de ser. Tenga bien clara esa frase y no se haga falsas ilusiones, quiéralo con sus defectos y virtudes, lleve la fiesta en paz. Ame a su pareja, mire que los hijos crecen y se van, pronto se quedarán solos y volverán a ser novios.
Recuerde que el matrimonio es hasta que la muerte los separe.
Por: Paola Rojas
Etiquetas: Matrimonio, Machismo, Separación, Novios
Responder con tu propio contenido
Sueñas con casarte vestida de blanco, en una playa paradisíaca, con invitados de lujo, en una ceremonia impecable y que te lleven de luna de miel en un crucero por el caribe. Antes de casarte te inventas todo un cuento de hadas, crees que te vas a vivir a una casa de muñecas, pero, ¿qué pasa cuando regresas a tu realidad?
Cuando una mujer se casa, de acuerdo a su experiencia, comienza a usar frases como: “los hombres son unos de novios y otros de esposos”, “¿dónde quedó el amor que me juró?”, son algunas expresiones que ha venido adoptando la sociedad conyugal.
Los hombres no se quedan atrás y también sacan a relucir un rosario de frases con un tono machista que escuchan desde que eran niños:”las mujeres cuando se casan cambian, son más controladoras y la intensidad se eleva a la décima potencia”, dicen muchos, tanto, que a “veces controlan y cuidan al marido como si fuera un hijo más en la casa”. Y empiezan a describirla como una “vieja chancluda, regañona, insoportable”, que el que menos creatividad tenga, se la imagina llena de rulos, con un pegote de mascarilla verde de pepino en la cara, bigotuda y gorda, en pocas palabras un terror de mujer. Y resulta que no es así, sólo que por lo general a los hombres les falta aplicar la comprensión femenina.
Nosotras simplemente nos preocupamos por ellos, sólo nos interesa saber que hace mientras está fuera de la casa, con quién sale a almorzar, cuál es el número más marcado en el celular, conocer sus contactos en el facebook, acompañarlo a la integraciones de la empresa los viernes en la noche, todo esto con la finalidad de compartir temas de interés en común.
¿Qué hay de cierto en estas afirmaciones, donde ellos se quejan de ellas y viceversa?
Tradicionalmente se dice que el hombre es el complemento de la mujer, que la mujer hace al hombre, que de ella depende que la relación funcione, en fin, toda la responsabilidad parece inclinarse sobre el sexo femenino, ¡qué duro nos toca! ¿cierto?
A veces alcanzo a creer que la peor parte del matrimonio la llevamos nosotras. Somos esposas, amigas, amantes, mamás, empleadas; porque ahora si no trabajas y aportas económicamente en tu casa estás pasada de moda. En el mercado femenino reina la mujer integral, la que trabaja todo el día, la que se especializa profesionalmente, la que atiende a los hijos y al marido, la que está pendiente de pagar las cuentas de la casa. Somos multifuncionales, y aún nos critican.
Es más, dicen por ahí los expertos en temas físicos y fisiológicos que la naturaleza masculina los hace débiles ante las faldas cortas, las camisas escotadas, los vestidos vaporosos.
El matrimonio es bello, es el origen de la familia, el núcleo de la sociedad, eso se pregona con fuerza en la actualidad, y efectivamente tienen razón los entes culturales, sociales y hasta religiosos que así lo profesan, pero sostener un buen matrimonio es como preparar una receta.
Póngale varias libras de comprensión, dos litros de armonía, una pizca de ternura, varios gramos de paciencia, muchas cucharadas de amor y pasión al gusto.
Un consejo: nunca pretenda cambiar al otro, el que es no deja de ser. Tenga bien clara esa frase y no se haga falsas ilusiones, quiéralo con sus defectos y virtudes, lleve la fiesta en paz. Ame a su pareja, mire que los hijos crecen y se van, pronto se quedarán solos y volverán a ser novios.
Recuerde que el matrimonio es hasta que la muerte los separe.
Por: Paola Rojas
Etiquetas: Matrimonio, Machismo, Separación, Novios
Enviar por email
Responder con tu propio contenido
MÁS VISITADOS
Stories
Photos
Video

