Paloquemao,  verdadero deleite bogotano - UPIU.com
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
    



	
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CEPER, Universidad de los Andes
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7 jun. 2011 at 11:42am

Paloquemao, verdadero deleite bogotano

Lugar de reunión, negocio de familia, espacio para comprar flores, para encontrar una idiosincracia típica de diferentes regiones de Colombia o un lugar turístico. No es posible definir la plaza de mercado de Paloquemao, en Bogotá, como un lugar que cumpla una función en específica. Compras, comidas, arreglos, flores, discusiones, visitas, amores, tradiciones. Para conocer a Paloquemao es necesario visitarla varias veces. Hablar de la plaza es decir quiénes son los protagonistas del lugar, lo característico, la identidad que se enmarca en millones de historias vividas por muchos y resaltadas por millones.

Por: Fernanda Abril
ef.abril35@uniandes.edu.co

Las plazas de mercado tuvieron auge hacia la colonia tardía, eran consideradas un punto de encuentro al aire libre. Indios, mulatos, criollos, por lo menos una vez por semana, se desplazaban a estos sitios de acopio para la compra de sus víveres. Desde el inicio las plazas de mercado se convertían en un verdadero jolgorio. Un hábito que consistía en el abastecimiento de productos agropecuarios, cárnicos, lácteos y flores entre otros. Fue considerado eje fundamental de espacios de distracción tal como lo eran las chicherías. El consumo de chicha caracterizaba los días de mercado. “Según vargas Lesmes, las chicherías situadas dentro del marco de la plaza de mercado y en los alrededores de la misma atraían principalmente a la población indígena; eran el “dolor de cabeza” de las autoridades que intentaron por varios medios controlar el consumo de la “endemoniada” bebida. Las plazas han sido siempre consideradas como espacios de espaciamiento. Este tipo de ambientes son necesarios para interrelacionarse, la funcionalidad que cumplen va íntimamente ligada a generar relaciones entre compradores y vendedores.

En 1861 durante el gobierno del General Tomás Cipriano de Mosquera se prohíben las plazas de mercado abiertas al aire libre que llevaban en funcionamiento hacia unos veinte años atrás, aproximadamente. Es en 1864 que se ubica el mercado de la Concepción en el convento de las hermanas de la Concepción. Siglos más tarde, en el año 1922, Colombia recibe la indemnización por la pérdida del canal de Panamá. Se invirtió en vías férreas y en mercados. Más adelante, en 1946, se hace la primera plaza. Ubicada en la Carrera 30 con Calle 13 de Bogotá, distribuida en: la Plaza España, San Vicente y Matallana administrada por el matadero distrital. El diseño de la Plaza de Paloquemao fue concebido para obtener una diferenciación entre las circulación de carga y basuras, las de peatones y taxis obteniendo así una forma de peine establecida por sus arquitectos.
Los planos fueron aprobados en 1962; y tardaron seis años en ser ejecutados. Cabe notar que la plaza de Paloquemao fue un proyecto que no llegó a su culminación, cerca de la mitad de lo diseñado no fue efectuado. Bajo la dirección de los arquitectos Diken Castro y Jacques Mosseri se inició la construcción en la localidad de los Mártires. Después de un viaje que hizo Diken a Europa regresa a su país natal Colombia y un amigo le propone hacerse cargo de este proyecto que emprende con su compañero. Se inicia el diseño con referencias tomadas de plazas en México y España. La intención principal fue de hacer un lugar de intercambio de bienes materiales e inmateriales. Hacer de la plaza de Paloquemao un lugar donde se entablaran verdaderas relaciones entre las personas propias del lugar y sus visitantes. Se planeó también un jardín infantil para los hijos de los vendedores; este especio es hoy la administración, una cosa fue el diseño y otra la apropiación y las modificaciones que sucedieron de esa época a hoy.

En 1972 cuando el Alcalde Carlos Albán Holguín dictamina un decreto donde no se permite el acceso de vehículos pesados, tractomulas, camiones de doble tracción, etc. Tampoco se autorizó el comercio en las zonas donde en aquella época se llevaba a cabo la práctica económica. Los vendedores mayoristas se ubican en el espacio conocido hoy como “Corabastos” y los minoristas son reubicados en Paloquemao. Cecilia, una señora de 83 años quien a veces también dice tener 70; fue reubicada en la plaza de Paloquemao y de forma muy locuaz como si hubiese sucedido hace poco narra su caso. Doña Cecilia es quién atiende en el puesto junto a “La Tienda del Paisa”, panadería donde se reúnen vendedores y compradores a tomarse un café expreso, un chocolate o un capuchino acompañado de un pandeyuca o un pandebono de queso, bocadillo o mixto. Cecilia relata como cuando en la época que se creó la plaza y los reubicaron le asignaron un puesto cerca de los abarrotes donde ella no veía la posibilidad de tener una buena venta. Se sintió muy alejada del “centro de la plaza”, era un local oscuro y no vio que fuera a tener un buen negocio. Cecilia cuenta que antes de estar en Paloquemao ella solía vender en la plaza España, ubicada en el barrio La Pepita donde vendía las mismas verduras. Ella de forma anecdótica hace alusión a los hechos históricos. Cecilia quería ser reubicada en Corabastos pero ni era mayorista ni quería estar lejos de sus “comadres”, ellas sí fueron reubicadas en Paloquemao. Buscó la forma de entrar a Paloquemao y lo logró. El local no era de su agrado, como ya se ha mencionado. Un día conversando con un vigilante se dio cuenta que una tal “Mercedes” había desaprovechado la oportunidad de estar en el puesto en el centro de la plaza así que siguiendo los consejos del vigilante ella misma trasladó su mercado donde Mercedes nunca apareció y a voluntad propia se reubicó. Mercedes nunca apareció “yo me moví y después nadie me sacó de acá”. Un día apareció Mercedes sin victoria alguna al tratar de recuperar el puesto. Debido a su ausencia ya había perdido su derecho. Cecilia se quedó en Paloquemao donde quiso; junto a sus comadres desde temprano tomaba cerveza “porque para que negar que uno no es un santo” dice mientras empuña la mano y con el pulgar elevado haciendo la tradicional seña que afirma el acto de beber. Tanto a través de textos escritos por el mismo Diken o por las historias de quienes aún cotidianamente están en la plaza se puede saber un marco histórico del origen de este tradicional lugar.

La Plaza de Paloquemao fue arrendada por Ferrocarriles Nacionales a Corabastos, quien lo puso bajo el cargo de los Hermanos Trujillo en recompensa de las acciones que tenía en la anterior plaza España. Estos personajes fueron responsables de subarrendar a los comerciantes. Sin consideración alguna, tres años después Corabastos retoma la administración de la plaza, pues los hermanos Trujillo dictaminaban alzas en los arriendos. La mala administración generó deterioro de la estructura, mala sectorización de productos, desaseo y grandes problemas de inseguridad. Hoy en día la plaza es administrada por COMERPAL, la cooperativa de Paloquemo, que fue una entidad sin ánimo de lucro encargada del correcto funcionamiento de la plaza. Cumple funciones como defender los derechos de los comerciantes. Dentro de las visitas aparecen diferentes versiones del manejo de lo que hoy es la plaza. En 1990, los comerciantes intentan hacerse dueños de los locales por lo que en 1991 bajo la presidencia de Cesar Gaviria se ejecuta en término de un año la venta de los puestos de venta, firmando escrituras en 1992. Comerpal sirvió como vocero y representante para la compra de la plaza donde intervinieron alrededor de 850 contribuyentes donde laboran alrededor de 1200 comerciantes.

Hoy en día, después de todo el proceso de apropiación, arriendo y orden no existe total claridad por parte de algunos dueños en la plaza. El primer punto de vista es dado por Maria Isabel Gómez quien es la gerente administrativa del puesto de lácteos “La Excelencia”. Adquirió este lugar ubicado en el puesto 81144 de su padre a manera de herencia. Con 27 años, Isabel, es Ingeniera Industrial de la Universidad Católica de Bogotá, cuenta que le gustaría ejercer su profesión pero sabe que el negocio esta en la plaza y no puede dejar su fuente económica. Al preguntarle por la posesión del bien cuenta que nadie en la plaza es dueño del local, todos los locales son arrendados y si alguien dice poseerlo, es mentira. Cada local paga una administración a COMERPAL y con esto se mantiene la plaza, el arriendo es proporcional al tamaño de cada local. En el registro de los locales se debe decir qué tipo de productos se venden. Los establecimientos en Paloquemao no pueden vender lácteos, carne y artesanías. En el caso de Isabel sería lácteos y cárnicos. Por otro lado esta Marcela Ruiz, vendedora de huevos, quien comenta que compró el puesto número 81139 con escritura hace unos años al llegar de Tunja, su lugar de origen. Dice del pago a la administración y habla del local como propio. Julieth aclara la contradicción entre Isabel y Marcela, habla de la cooperativa de COMERPAL, dice qué sí existen propietarios de los locales y que se maneja por acciones proporcionales al área del local y por el nivel de venta que este tiene. La plata de la administración sirve para cubrir la vigilancia, protección ambiental y recolección de basura. Habla del administrador y dice que no sirve para nada, “ya no le da ni regalos a los niños en Diciembre”. Describe una posible reubicación de la plaza para sectorizar el lugar, es un proyecto que se inició hace 8 años pero no se ha llevado a cabo. “Este cambio sería bueno porque habría zonas más marcadas pero a la vez la competencia entre unos y otros sería peor, a veces la gente prefiere perder 500 pesos y vender; el cliente prefiere caminar y caminar hasta encontrar el mejor precio. Los clientes miran calidad pero el precio es decisivo a la hora de comprar.”

Dentro de la plaza existen diferentes perfiles de vendedor. Cada uno, según su estilo, ha logrado hacerse su propia clientela. Son ellos quienes le agregan a la plaza una dinamica distinta y, a pesar de compartir el mismo lugar de trabajo, tienen diferentes puntos de vista y: en algunos casos no entablan relaciones muy cercanas con sus colegas, en otros estos compañeros de trabajo son a la vez su familia.

Julieth Fonseca es una joven de 19 años, estudia Ingeniería Industrial, amable y sonriente atiende en “La mejorana”, el puesto 81362 donde las personas pueden adquirir baños, riegos, sahumerios, velas, plantas y productos estéticos. Este hace parte de los siete puestos dentro de la zona de hierbas de Paloquemao. Los días Martes, Jueves y Sábado de cada semana llegan las hierbas que se cultivan en Chipaque y la Mesa, Cundinamarca. Municipios cercanos a Bogotá.

Julieth no cuenta más de 15 puestos de hierbas dentro de toda la plaza. Ella es bisnieta de la original dueña del lugar, Inés Castro, más conocida como Doña Concha. La joven es vendedora durante el día y en las noches va a la universidad. Sostiene una inclinación por las plantas y cree en el poder del hinojo para el dolor de cabeza, de la caracola para limpiar los riñones y del anamú para prevenir el cáncer, la diabetes, controlar el ácido úrico, mejorar el hígado y el colon. Ya que siente gran afinidad por las plantas ésta joven bogotana pensó estudiar algo relacionado con botánica pero prefirió seguir el consejo de su tío “las plantas no dan plata” y comenzó sus estudios en Ingeniería. Julieth cuenta que las personas pueden llegar en busca de algo específico o solamente a preguntar por alguna cura para algún dolor o malestar tanto físico como sentimental. Ella por la información que ha aprendido de su abuela y lo que lee en Internet puede hacer diferentes tipos de recomendaciones.

La mejorana está dividida en dos sectores, uno que atiende la mamá de Julieth junto a otro donde las encargadas son Julieth y Doña Concha. Dentro de la tienda no solamente trabaja la familia Castro, también esta Olivella a quien llaman Oliva de cariño. Es una mujer que durante su juventud se paseaba por Paloquemao de puesto en puesto como vendedora ambulante junto a su mamá ofreciendo medias y bolsas para la basura. Durante años todos los días se iban desde muy temprano, vendían y luego se paseaban un poco con las “comadres” tomándose un perico y conversando de sus cosas. Hace 7 años falleció su madre y cayó en una depresión donde se sentía sola, no tenía con quien comentar sus angustias y sus penas... como ella dice. Poco a poco dejó de sentirse bien con la vida que llevaba y aunque no dejó de ser vendedora ambulante decidió no regresar a casa después de la venta del día sino, para mantener las amistades con quienes hablaba durante todo el día, compartir tiempo tratando de llenar el vacío que dejo la pérdida de su madre, su compañera...

Entre sus clientes estaba Ma. Esperanza Castro quién arrendaba otro puesto de hierbas cerca a La Mejorana. Una mañana de Abril, Esperanza le preguntó cómo se sentía con la pérdida de su mamá, Oliva confesó que se sentía muy sola y por eso prefería quedarse en la plaza a cambio de regresar sola a su casa. Por esa época se mueve más la venta de hierbas por la semana santa y aunque ella no le podía ofrecer trabajo sabía que en La mejorana necesitaban alguien para ayudar en la venta de semana santa. Olivella no descartó la idea pero se excuso diciendo que no sabía del oficio de vender hierbas. Aún así su amiga la animó y dijo que podría trabajar con Inés Castro, su hermana. Olivella decidió entrar en el negocio y poco a poco fue aprendiendo. Hoy en día Oliva es una compañera de trabajo de Julieth, todos los días se encarga de abrir La Mejorana y ya conoce bien el oficio, sabe cuanto es quinientos o mil de yerbas, da instrucciones de purificación con hierbas amargas y de atracción con hierbas dulces; hace parte de la familia Castro y es de entera confianza.

Al hablar de Paloquemao es indispensable destacar la venta de flores. En el parqueadero que da a la Avenida 19 todos los días se ubican los vendedores desde las 4am ofreciendo lirios, impéricos, margaritas, repollas, rosas, astromelias, poinsettias, rosas mini, godetias, nardos, aves del paraíso, o crisantemas entre otros. Las flores se adornan junto con follajes como montecasino, hojas de helecho, de balazo, cintas, trifer, pino, rusco, etc. Las flores provienen de la Sabana de Bogotá, de Cota, del Rosal, de Medellín, Chinauta. Existen dos roles dentro de la oferta de flores, los mayoristas y lo revendedores. Un caso es el de Rafael Torres quien trabaja junto a su cuñado Luis Guzmán, ellos son mayoristas. Este tipo de vendedor puede vender a mejor precio y tienen su área delimitada para el descargue. Las flores se exhiben en baldes que en algunos casos están marcados con los nombres del vendedor. La organización esta a cargo de jóvenes como Jhonathan quien a sus 19 años cobra entre $3mil y $5mil pesos por descargar las flores. Son los mismos mayoristas quienes se encargan de ponerle los capuchones (malla protectora de los pétalos) a las flores, las empacan y empieza la venta. Hay otras flores como las margaritas que las pitan y les ponen escarcha desde el cultivo. Lo artificial y lo natural se funciona en algunos casos donde las flores han sido tinturadas logrando por ejemplo claveles aguamarina, gladiolos fucsia o pompones verdes. Existen vendedoras de tradición que comparten espacio junto a otros más contemporáneos. Rafael es de los más nuevos; trabajó durante diez años en Pat Primo, una empresa de textilera, y al ser despedido y verse sin oportunidad laboral el 5 de Octubre de 2010 accedió a la ayuda de su familiar, tal como lo hizo un día Olivella, se arriesgo a innovar en un campo diferente al acostumbrado. Día tras día Rafael conoce más de las flores, sus nombres y los precios. Hablando ese día con Rafael, Luis interrumpe para aclarar que el precio para los lirios, ese día, era de $7mil pesos, pero, que se debía cobrar $8mil y luego entrar a negociar con el cliente. Las dinámicas dentro de la plaza son otra característica importante que aprender.

Las flores de Paloquemao se convirtieron en punto de encuentro para muchos. Rafael cuenta “viene mucho gringo, hay buses que traen gringos, compran, toman fotos a los muchachos corriendo. Son fotos inéditas desde varios puntos, hasta se acuestan en el piso”.


Por otro lado dentro de los revendedores esta Rokola, un hombre ya entrado en años a quien Rafael le hace una broma y luego comenta que él es uno de muchos revendedores que trabajan apenas para poder comer. “Ellos vienen y preguntan, cuando uno puede les ayuda, les vende unos ramos para que revendan más allá a mejor precio” dice señalando la zona más cercana a la salida de la venta de flores. Al final del día para los vendedores, hacia las diez de la mañana, aparecen los zorreros quienes se encargan de reubicar las flores dentro de bodegas donde se ubican las flores para el siguiente día. Generalmente no hay muchas flores que guardar. Los mayoristas generalmente trasladan las flores que no se venden en las seis horas de venta a otros puntos de venta en Bogotá o las afueras.

Desde los inicios a hoy, las plazas acogen diferentes compradores. Hay visitantes de todos los días, por semana, esporádicos o de una sola visita.

Dentro de las personas que se acercan a comprar a la Mejorana es posible encontrar personajes que provienen hasta del medio oriente. “El Turco” es uno de los más fieles compradores. Gano su sobrenombre porque su nombre es muy complicado para pronunciar. En verdad es libanés. Este personaje tiene un restaurante en la Calle 85 con Carrera.11 y hace el pan con yerbabuena y perejil. Las hierbas de la mejorana no son sólo curativas sino también se usan como condimentos. Las guascas se usan para hacer caldo de papa o ajiaco. Agregan sabor y sirven para controlar el ácido úrico y el colesterol. El ácido úrico es un desecho del cuerpo humano que si no se controla degenera en “la gota” que se genera por la saturación de este componente en la sangre que al final genera cálculos renales cuando este se cristaliza en los riñones, cuánto más aumenta el ácido úrico puede generar en la persona mayores posibilidades de padecer de afecciones renales, artritis, etc. El poleo y el cimarrón sirven para condimentar carne, pollo, pescado. También se usan en la “rellena” y la chanfaina platos que se encuentran en la plaza para consumir o para prepararlos en asados. Los carniceros son clientes de este tipo de hierbas para hacer los embutidos. El cimarrón también se utiliza en sancocho uno de los platos típicos colombianos. Este plato se acompaña principalmente con chuguas, niguas y cubios tubérculos que se pueden conseguir con Cecilia, la vendedora de toda la vida de la Plaza de Paloquemao.

Dentro de los clientes de La Mejorana también esta El Profesor Salomón, un personaje que hace parte de programas de la mañana en radio en la emisora Tropicana y en Muy Buenos Días, un programa de la franja de la mañana por el canal RCN. Es un hombre dedicado a la curación del alma y por ende del cuerpo, invita a las personas a sanar heridas de toda índole relacionadas con la energía y es devoto de Santa Marta, una virgen. Dentro de los programas de la mañana el profesor cuidadosamente describe la fuerza de las plantas, el poder supremo de su patrona Santa Marta y la influencia del color de las prendas dentro de la cotidianidad de la audiencia. El profesor Salomón es cliente de la mejorana, no es muy frecuente pero sigue siendo uno de los mejores. Julieth comenta que en la última visita le compró 522 jabones de tierra. Este elemento se vende en la mejorana para curar la caspa o afecciones en la piel. Tiene un valor de mil pesos. El profesor Salomón hace grandes compras para luego revenderlos en su centro ubicado en la carrera 17 número 48-59. En este centro el profesor vende lo necesario para hacer los rituales y las curas para las personas, los jabones de tierra los vende para sacar malas energías y hacer limpiezas. Al hacer la compra el profesor Salomón está acompañado de su ayudante, los dos van vestidos totalmente de blanco y cada uno carga un canguro de donde sacan fajos de dinero para pagarle a Julieth. Ella se refiere a él como profesor. Después de la compra, desde un local de venta de plásticos ubicado al frente de La Mejorana está un joven quien entabla una conversación con Julieth y Oliva, les dice que él los revende y se hace el “negocito”, La joven confirma “sí, él tiene un centro y las vende a 4000, 5000”; el joven cierra la conversación “pero, eso está bien, cada uno tenemos que ganar”.

Unos minutos más tarde aparece una señora joven y Julieth cortésmente la atiende:
-Deme mil de albahaca.
-Se la voy a cambiar, ésta está maluquita.

Julieth se preocupa por dar a sus clientes las hierbas frescas y en buen estado.
-500 de manzanilla, 500 de yerbabuena y… esto ¿qué es?
- limonaria.
-Deme 500
-algo más amor?
-no.

En seguida aparece otra cliente:
-Algo para limpiar el hogar..
-si, claro, hay esencias, riegos, jabones, hierbas…
-esencia.
-Hay esencia tumba-trabajos, saca-sales, abre-caminos…
-abre-caminos.
-2000.

Dentro de este puesto de hierbas también esta el sahumerio. Mezcla de incienso, mirra, estorque y benjui que son piedras, mezcladas junto a la alusema que es una semilla y romero una hierba. Esto se prende dentro de un recipiente especial tal como sucede en las misas católicas y sirve para la limpieza del hogar. Las piedras como el incienso lo traen de la India “uno tiene un distribuidor de confianza a quien se las compra”. Julieth habla de las pionidas con uno de sus clientes, describe estas semillas de color rojo más conocidas para la elaboración de joyería artesanal sirve para el ataque de epilepsia. Se tuestan, se maceran y se toma una pisca de harina disuelto en un cuarto de pocillo de agua en ayunas. Para la tos recomienda póleo, totes, borrajas, moras, tilo, sauco, pulmonaria cocinadas con agua de panela y “santo remedio”.

Un comprador de todos los días es el Señor José Mutis, dueño del restaurante “Mi Ranchito” ubicado en la carrera Séptima con calle 34, es un restaurante de almuerzo ejecutivo. A diario el hace una llamada y ordena la verdura, la fruta y los dulces para dar de postre. Como es un cliente que tiene una relación de confianza con sus “proveedores” les hace el pedido y aunque le entregan los alimentos en el restaurante a la hora de la mañana el paga cada Sábado. La confianza entre comprador y vendedor se convierte en el lazo fundamental para la compra y venta. La persona que se encarga de reunir las compras y llevarlas al restaurante es responsable del recorrido en la plaza y conoce muy bien donde se encuentran las cosas, la confianza es la característica intrínseca en este tipo de dinámicas. Por otro lado están compradores como la señora Leonor Mateus una santandereana de 76 años que visita la plaza los Domingos para comprar las flores de la semana, le gusta ir a las 7am porque las flores no se han asoleado, encuentra gran variedad, prefiere comprar astromelias porque son bonitas, adornan y tiene buen precio, paga entre 500 y 1500 eso dependiendo de la temporada. Sus preferidas son las poinsettias que ya son “más caritas” porque son más escasas, pueden costar 3500. Todo comprador tiene su propio recorrido, un lugar donde llegar y por lo general no cambia de local a menos de que sea indispensable. Tener un recorrido implica tener un mapa de la plaza. Dentro de Paloquemao se pueden encontrar un mapa en la administración pero las personas hacen uso de este, pero las personas más por recordación o por habitualidad, ya tienen creado un mapa mental.

Dentro de los visitantes se ha roto el sesgo de como las plazas pueden ser tildadas de no cumplir con lo necesario para tener productos de la mejor calidad o de tener alimentos en mal estado. En la plaza de Paloquemao están las verduras frescas y de muy buena calidad por lo que dentro de sus más fieles visitantes están los más grandes conocedores en el tema culinario. “La plaza de Paloquemao de Bogotá, esta última es un verdadero placer visitarla a las 6 de la mañana; tantas cosas ricas juntas parecen un sueño, a esta hora el visitante se puede topar de tu a tú con los “Grandes Ligas” del quehacer culinario de la capital: Leo Katz, Harry Sasson, los hermanos Rausch, Daniel Kaplan, haciendo el mercado para sus flamantes restaurantes.” Comentarios como el anterior se publican en diarios nacionales como “Crónica Quindio”.

Desde el diseño de Diken y Mosseri la plaza ha sufrido cambios no tanto en cuanto a remodelación sino a las narrativas que allí se viven. Las historias crean en el imaginario de las personas asociaciones entre la experiencia y el espacio. A existido una apropiación del espacio como lo propio. Si se habla de la forma en que los vendedores ven la plaza el mapa cambia. Cada persona crea de su puesto el centro de la plaza. Las indicaciones para movilizarse se hacen de forma verbal y los puntos de referencia son más por nombre del dueño de los puestos o lo productos que en cada uno se venden que por los números propios de cada puesto; no existe una señalética definida y el único cartel que muestra las zonas solo señala 2 direcciones a pesar de ser la plaza redonda. Después de hacer el ejercicio donde diferentes personajes describían un croquis de la plaza se concluyo que todo depende del punto desde donde se mire.

Cada uno a pesar de asemejarse reluce en los mapas su lugar de trabajo y el resto lo hace por lo que se acuerde. Ana dice, “ahí usted pregunta y se va guiando sino regrese, acá siempre para servirle, porque uno vive del cliente , sino no hay quien le pague”. Doña Cecilia no hizo un mapa diciendo que ella no sabe de eso. Cada personaje tiene su propio mapa y a pesar de tener puestos donde están día a día reconocen fácilmente su zona pero no conocen toda la plaza, tienen una idea por donde están los pescados o los tamales, las frutas o las flores pero no señas puntuales.
Cada visitante de la plaza tiene su propia historia, cada vendedor su vivencia y cada turista una mirada a la cultura popular de un país a través de la Plaza de Paloquemao.


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