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Sobre el autor

Ana Cristina Alvarado
Universidad San Francisco de Quito
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6 dic. 2011 at 12:43pm

Trenzando unidad

“Las mujeres hemos cumplido un rol protagónico en la construcción de los pueblos, de la familia, en mantener la memoria oral, en transmitirla de generación en generación”, asegura Sonia Viveros, directora de la fundación Azúcar. Las mujeres fueron quienes se unieron para mejorar sus condiciones de vida. Su lucha no es fácil. Juca Ferreira, embajador especial de la Secretaría General Iberoamericana afirma que “en el caso de las mujeres negras los retos vienen por triplicado; (…) como mujeres, como negras y como pobres.” El rol de la mujer empieza en la construcción de la familia y se extiende hasta la organización de grandes redes regionales.
El papel de la mujer y de la madre en los pueblos Afrodescendientes comienza en el núcleo familiar. La crianza de los hijos es fundamental. En esta etapa, son las madres quienes educan y forman a los niños, transmiten valores, costumbres y tradiciones. La música, la danza, el arte culinario, los cuentos, etc., son actividades que encierran siempre un mensaje de vida. “Las madres Afrodescendientes transmiten a sus hijos ese sentido de la alegría, esa mirada más optimista de la vida”, dice Catherine Chalá, Coordinadora del Plan Nacional en Contra de la Discriminación Racial del Ecuador. Mientras las madres peinan las trenzas a sus hijas, les enseñan cómo comportarse para guardar siempre su puesto. “Al negro como lo ven, lo tratan”, dice Catherine Chalá al recordar una de las frases que su madre le repetía para que no descuidara proyectarse correctamente hacia el resto.
Al ser las madres, hermanas, tías y abuelas, personas importantes en la formación de nuevos individuos, su nivel de autoestima e instrucción es clave.
Lamentablemente, la realidad no contribuye a una mejor formación de individuos. Según John Antón Sánchez, et al., en el libro Los Afroecuatorianos en Cifras, “El acceso restringido a la educación es quizá el mayor desafío que los afroecuatorianos deben superar en las rutas de su desarrollo, ya que registran los mayores desequilibrios”. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) del Ecuador “La tasa de analfabetismo es de 7.6% para los afroecuatorianos. La población blanca ecuatoriana registra un 3.7%.”
De acuerdo a Barbarita Lara et al., en la Agenda Política de las Mujeres del Ecuador, “La perpetuación de la cultura (…) tiene que ver con la presencia de la Mujer Negra como agente transmisora de valores, tradiciones y saberes.” Esto es lo que ha ayudado a los Afrodescendientes a “no perder la identidad”, afirma Sonia Viveros.
“Son las mujeres quienes llevan la economía del hogar, de las organizaciones y de las escuelas”, asevera Sonia. A pesar de llamar a las mujeres el sexo “débil”, en la práctica han sido ellas quienes se unieron para obtener mejores condiciones de vida para todos los Afrodescendientes. Paola Vallejo, articulista de la Revista Q, asevera que “el liderazgo parte desde la casa. En los hogares afroecuatorianos más del 50% tienen jefaturas femeninas.” Por su parte, Sonia Viveros afirma que “…en la mayoría de organizaciones mixtas, las mujeres son mayoritarias.”
Sin embargo, debido al machismo de nuestra sociedad, no son las mujeres las que se han empoderado. Por lo tanto, existe la “necesidad de organizarnos con esta particularidad de géneros, siendo las protagonistas en el proceso organizativo regional”, dice Sonia Viveros.
Desde el inicio, las maestras de la familia, las mujeres como eje articulador de la comunidad, tenían sus organizaciones. Según Barbarita Lara et al., “habían organizaciones de mujeres, como las cantoras de la Semana Santa y los velorios (…) Tenían juntas para la consecución de tierras para la práctica de la agricultura. Había clubes deportivos y sociales.”
Gracias a la iniciativa que han tomado las mujeres afrodescendientes, se observan poco a poco resultados. Mercedes Acosta, presidenta del Valle del Chota de la Coordinadora Nacional de Mujeres Negras (CONAMUNE) del Ecuador, testifica que gracias al trabajo de las mujeres y a organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, las mujeres del Valle del Chota han podido recibir cursos de capacitación empresarial, panadería, atención al cliente, organización, capacitación culinaria, medioambiente, salud, educación, etc.
Uno de los frutos es la panadería de la Sra. Acosta. Aprovechó de la instrucción y del apoyo económico de la Unión Europea para montar su propio negocio, el cual surte de pan al Chota y a caseríos aledaños. Además, las mujeres del Chota se han organizado para crear un Banco Comunitario, el cual emite créditos a las mujeres que integran el Grupo de Mujeres del Chota. Este sistema es beneficioso. Los intereses son bajos y el capital queda dentro del caserío en manos del grupo de mujeres.
El turismo comunitario es otra labor que el grupo de mujeres maneja. Según la Sra. Acosta, el machismo y la violencia intrafamiliar que viven las familias en el Chota son preocupantes. Las mujeres no pueden decidir por sí solas. Las mujeres tenían mucho miedo de integrarse al Grupo de Mujeres porque a sus esposos no les gustaba. Sin embargo, las invitaciones se extendieron también a los hombres para que ellos conozcan la labor del grupo; así creció el grupo de mujeres, al contagiar a cada vez más personas.
Es muy difícil para los hombres aceptar que sus parejas inviertan gran parte del tiempo en el trabajo comunitario. “No todos los compañeros están dispuestos a adaptarse a la ausencia de las madres de la casa”, afirma Paola Vallejo. Además, “en los hombres predominan prácticas de poco compromiso con los hogares.” Grabiel Landázuri, habitante del Chota asevera que “No podemos estar enrolados en el cuidado de los hijos porque nuestra rutina es la agricultura”.
Según Los afroecuatorianos en cifras, “Los afroecuatorianos tienen la tasa de desempleo más alta en el Ecuador, son el segundo grupo más bajo en obtención de ingresos per cápita, registran las tasas más bajas de asistencia escolar, secundaria y universitaria.” Gracias a la unión, han podido luchar contra estas desigualdades. Por ejemplo, la mayoría de mujeres del Chota trabajaba como empleadas domésticas con salarios de miseria. Pero gracias al trabajo de la CONAMUNE, el Gobierno del Ecuador se encargó de mejorar los sueldos de las empleadas domésticas. Muchas fueron despedidas “pero esto las impulsó a buscar otras fuentes de ingresos que están generando más rédito para ellas. Actualmente muchas se dedican a la venta de churos (caracoles comestibles) y otras manejan sus negocios pequeños (salchipapas, comedores, etc.) en las ciudades aledañas”, dice Mercedes Acosta.
En un inicio el grupo de mujeres y el grupo de señoritas del Valle del Chota se crearon por la necesidad de subsanar problemáticas. En la población del Chota existe un alto índice de madres adolescentes solteras. Según Mercedes Acosta, gran parte de la población femenina ha tenido problemas de cáncer de útero debido a la promiscuidad y el comienzo de la vida sexual “a muy temprana edad”. El alcoholismo es un factor generador de violencia y desestabilidad familiar.
De la familia a la comunidad y a la nación: así las mujeres afrodescendientes han ganado espacio en la sociedad. Catherine Chalá cuenta que el Plan Nacional en Contra de la Discriminación Racial del Ecuador “fue una iniciativa de las organizaciones afroecuatorianos que nació en los 90´s. El Gobierno ecuatoriano reconoció este programa y le dio un carácter más amplio para indígenas, montubios y mestizos pobres excluidos.” Esta iniciativa busca construir equidad de género y reconocimientos a los roles de cada individuo. Además, “la discriminación positiva es una medida que el Plan impulsa y que debe ser aplicada de manera obligatoria hasta equiparar las condiciones de las minorías.”
El siguiente paso es la integración regional. Así nace la Red de Mujeres afrodescendientes de la Región Andina en 1992. Según Sonia Viveros, “la integración regional de afrodescendientes inicia cuando descubren sus objetivos y demandas comunes”. Su agenda política es la lucha en contra de la discriminación racial, de la pobreza, exclusión política, económica y cultural. Las mujeres afrodescendientes quieren seguir formándose, capacitándose para ser protagonistas y estar en los espacios en donde se toman decisiones.
“La idea es que podamos equiparar y comparar la situación de las mujeres. No están solas, comparten circunstancias. Las medidas que cada una aplica pueden enseñar a las otras. Esto ayuda a resolver problemas de otras”, dice Catherine Chalá. Por ejemplo, en una conferencia, “conocimos de una enfermedad que se presenta con mucha más fuerza en personas de origen africano, se puede detectar con un examen al nacer, esto no se sabía.”
Con la integración regional de las mujeres, “se crean procesos compartidos de desarrollo”, dice Sonia Viveros. Se busca colectiva y regionalmente la oportunidad de intercambios de saberes y conocimientos para el desarrollo de las mujeres y sus comunidades. El objetivo de la integración regional es “tener más mujeres calificadas, con conciencia de ciudadanía, étnica y de pueblo”, explica Sonia Viveros. Con esta integración, las mujeres conocen paulatinamente sus necesidades. Descubren los puntos a trabajar. Actualizan sus conocimientos para ser más competitivas. “Las necesidades son todavía muchas”, dice Viveros, “pero no estamos en las mismas condiciones que hace algunos años.”
Por otro lado, fuera de la pirámide que comienza en el núcleo familiar para extenderse a nivel regional, están también las heroínas. Por ejemplo, una mujer afrodescendiente que unió e impulsó a los afrodescendientes es la norteamericana Rosa Parks. Ella organizó y colaboró con los líderes del Movimiento de los Derechos Civiles de los EE.UU. (Hudson & Houston, 2002). Mujeres poetas contemporáneas como Shirley Campbell de Costa rica con su poema Rotundamente Negra y Victoria Santa Cruz con Me gritaron negra, se han vuelto heroínas por expresar valientemente lo que muchas mujeres temían decir.
A pesar de todos los problemas por los que las mujeres afrodescendientes pasan cada día, ellas se mantienen con la cabeza en alto. Buscan dar un mejor futuro a las generaciones venideras. Su rol es muy importante. Su iniciativa, su trabajo y las ganas por salir adelante son características que las destacan como “aquellas abuelas, ancianas que sin necesidad de ser famosas han sido los pilares para la conservación de nuestra herencia, memoria e historia”, recordadas por Sonia Viveros. Mayra Chalá, del documental de Galo Betancourt En El Barrio de las Mujeres Solas, afirma que “Aunque mi madre y yo tenemos que limpiar pisos, y por ser negras nos han discriminado por años, luchamos por nuestros hijos, por nuestras hijas, para que no sufran lo mismo.”


Etiquetas: Afrodescendientes
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