EL HOMBRE DETRÁS DEL MOSTRADOR - UPIU.com
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
	
    




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Escuela de Comunicación, Universidad del Azuay
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24 ene. 2012 at 1:46am

EL HOMBRE DETRÁS DEL MOSTRADOR

Existen más de 200 chinos que viven en la ciudad de Cuenca, gran parte de ellos han abierto tiendas en el centro de la ciudad, las cuales tienen, la mayoría, las mismas características, ahí se puede encontrar ropa, calzado , juguetes y distintos artículos a precios bajos.   
Foto: Natalia García
Existen más de 200 chinos que viven en la ciudad de Cuenca, gran parte de ellos han abierto tiendas en el centro de la ciudad, las cuales tienen, la mayoría, las mismas características, ahí se puede encontrar ropa, calzado , juguetes y distintos artículos a precios bajos. Foto: Natalia García
Se pueden ver en muchas de las calles estas lámparas chinas, que usualmente se colocan afuera de las tiendas, contrastando con la arquitectura del centro histórico. Foto: Natalia García
Pocos de ellos permiten que les retraten. Foto: Natalia García
Muchos llegaron con sus familias. Y la gran mayoría residen en Cuenca por mas de 5 años. Foto: Natalia García
Es usual ver a Buda perdido entre la ropa y los juguetes… Foto: Natalia García
… o a los gatos que según algunas leyendas si se ponen en el lugar de trabajo atraen la buena suerte y los visitantes. Foto: Natalia García
Publicado por Natalia García. Estudiante de tercer ciclo.

¿Cómo se describe a una persona que no permite que la conozcan? Cuando cada palabra, gesto o acción no dice nada puedes llegar a descubrir que algunas veces justamente lo que describe a una persona es esto, su misterio, su capacidad de no revelar nada, su mundo que no comparte y el mundo exterior al que no quiere ni siquiera ser invitado.
Detrás del mostrador se ve a un hombre de contextura ancha ojos pequeños y constante expresión de incertidumbre que se arregla las uñas una y otra vez y luego, prepara el té una y otra vez. Regala unos inciensos a un hombre que le pide todos los días, cambia billetes a algunas vecinas y atiende a los clientes. A diferencia de un vendedor cuencano, que busca conversar en cada ocasión, él atiende a quien entre, después se sienta y vuelve a lo suyo.
Doña Rosa Peralta, que vende canelazos desde las 8 de la mañana a cuanto borracho pase por la esquina, puede contar la vida entera de cualquiera de las personas del barrio y sin embargo si le preguntan sobre Jhony solo puede decir que trabaja ahí hace 10 años, que no conversa mucho y que desde que lo conoce solo lo ha visto trabajando.
Jhony “habla bueno español” es decir sabe lo suficiente para saludar, y mantener una conversación de aproximadamente 10 minutos con cualquier persona. Para lo demás está Mercy, la empleada del almacén, que puede no tener un título de traductora pero logra comprender cada una de sus palabras como si manejara un lenguaje que solo los dos pueden descifrar. Una especie de comunicación simbólica, gestual y de pocas palabras que termina por ser más productiva que aquellas conversaciones largas que a la final no dicen nada. Y es que cuando se cuenta con pocas palabras hay que aprender a utilizarlas mejor.
Un refrán dice: “si vas a Roma compórtate como los romanos”, pero si Jhony viviera en Roma hace tiempo que habrían cambiado la frase. El aún vive en China, una China más pequeña y menos colorida, pero donde no falta el té, la comida, los adornos y las costumbres. La comida de Cuenca no le llama la atención, ni sus tradiciones ni su ambiente. Ha convertido su entorno en una pequeña sucursal de su país.
Aunque le falten las palabras, “el chino”, como le llaman en el barrio, nunca se niega a responder o ayudar a quien se lo pida. Te dice todo lo que quieres saber, pero controla siempre no ir más allá. ¿Dónde nació Jhony?, en Fujian. ¿Hace cuánto tiempo? 45 años. ¿Qué hace en Cuenca? Trabaja. Y a todas las preguntas responde de igual manera.
Pero hay algo que no solo le sucede a Jhony, le sucede a la mayoría de las personas. Inconscientemente lo que más amamos nos hace débiles y nos delata. En ciertos momentos al conversar Jhony pierde el control que ha tenido en toda la conversación y empieza a hablar de lo que tiene más significado para él y es entonces cuando revela un poco más de lo usual.
Observa las fotos de sus hijos y esposa que están justo debajo de sus ojos pegadas en el escritorio de vidrio. Y a lado una foto más. Un campo extenso y en el medio, una casa, su casa. Su familia se quedó en Fujian y no los ha visto desde hace 13 años cuando salió de China para trabajar en Beirut y luego para venir a Cuenca. Habla de ellos como si estuvieran aquí y de su casa como si nunca la hubiera dejado. Jhony tiene más de un motivo para no querer adaptarse a la vida aquí, todo lo que tiene significado para él, aún está allá.
Aquí Jhony trabaja, en China es en donde en verdad existe. Todo allá es muy diferente. No hay montañas en el paisaje. El campo es extenso y su casa está ahí. Su vida es el trabajo, pero el trabajo que aprendió de sus padres, la labor en el campo, sembrar, cosechar, cuidar. Sus padres lo habían hecho durante muchos años. Criaron 5 hijos, Jhony era el mayor y recuerda que su vida siempre siguió este orden, esta disciplina, fuera de la cual siente que está en pausa.
Pero hay algo de él que interesa aún más. Algo que sustenta todo este misterio, esta personalidad cerrada, como la llamaríamos si nos limitaríamos a juzgar. Jhony es la personificación de la cultura a la que pertenece. Una cultura ancestral, dominante, donde la gente aprende a mirar hacia dentro más que afuera.
Quien quisiera entender la cultura China, tardaría años intentándolo, pues es el resultado de milenarias historias de guerras, conquistas y también derrotas. Una sucesión de cambios, adaptaciones y sobretodo de milenios de construcción de una identidad propia. No sorprende ver que los amigos de Jhony son todos de China, se reúnen a jugar baraja, comen, conversan y vuelven a su trabajo. Y aunque todos han vivido aquí por lo menos 10 años ninguno habla bien el español ni ha dejado sus costumbres de lado.
Jhony es el hombre detrás del mostrador. Ese hombre que está tan cerca si solo lo miramos, pero tan lejos si intentamos conocerlo, ver lo esencial, lo invisible a los ojos.


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